Domingo, 20 de agosto de 2017

 Se trataba de abrir los ojos de los niños a una realidad compleja,

EDUCACIÓN SEXUAL

Alguna vez había que explicar este tema; pero cuándo, a qué edad, qué contar y cómo. Se trataba de abrir los ojos de los niños a una realidad compleja, que hasta ese momento permanecía oculta para ellos. Era muy importante hacerlo bien, para no dañar su sensibilidad y candidez. La mayoría de los padres nunca encontraban el momento, la ocasión propicia; los años pasaban y, finalmente, los hijos llegaban a enterarse de todo en la calle, por los amigos, por no se sabe quién ni cómo.


En otros tiempos, la educación sexual tampoco tenía cabida en los planes de estudio. Era una materia que, por miedo a hacer daño a los niños más inmaduros, no parecía muy adecuada para explicarla a grupos completos de alumnos. Así que era preferible tratarla individualmente y con sumo cuidado.


Aún conservo en casa el libro de Ciencias Naturales que estudié en el colegio cuando tenía 12 años. Lo guardo, porque siempre me ha parecido un libro con una didáctica excelente. Aporta unos conocimientos básicos sobre geología, botánica, zoología y, como no, sobre el cuerpo humano con todos sus órganos y aparatos, excepto el reproductor. Recuerdo haber visto un muñeco desmontable que permitía ver y separar todas las partes del cuerpo: pulmones, corazón, estómago... incluso el encéfalo; magnífico pero asexuado; sin pene ni vulva, sin testículos ni ovarios.


Hace ya unos cuantos años, recibí una carta del colegio, donde mis hijos cursaban estudios, en la que se nos convocaba a una reunión de padres con un solo punto en el orden del día: la educación sexual. La directora del colegio nos informó de todo y nos dijo que podíamos estar tranquilos, que el tema iba a ser explicado por una psicóloga y un sacerdote, ambos con una gran preparación y experiencia con los niños. Recuerdo que a todos los asistentes nos pareció una iniciativa excelente en la que, además, confiamos plenamente.


Un día apareció en televisión una tal doctora Ochoa con un programa semanal dedicado exclusivamente al sexo y, poco tiempo después, los libros de texto de Ciencias Naturales incorporaban el aparato reproductor, con toda naturalidad, junto a todos los demás. Con el tiempo la sexualidad empezó a tener mayor relevancia y las páginas dedicadas al aparato reproductor llegaron a ocupar más espacio, que las de cualquier otra parte del cuerpo humano. Luego aparecieron insólitas campañas dedicadas al preservativo, como aquella del "póntelo, pónselo", las charlas sobre el SIDA y el plan para poner máquinas expendedoras de preservativos en los colegios e institutos. De repente, parecía que los centros educativos se habían convertido en lugares de lujuria y promiscuidad, y que era muy importante evitar los embarazos no deseados y la propagación de enfermedades venéreas. Poco más tarde, en los libros de texto de Ciencias Naturales, apareció un tema dedicado a los métodos anticonceptivos. Allí se trataba desde los más comunes, como pueden ser la píldora, el preservativo o el dispositivo intrauterino, hasta los más raros. Algunos tan extraños, que muchos profesores tuvieron que buscar bibliografía para saber de qué iba la cosa.


Poco tiempo después se presentó, en los centros de enseñanza, una ONG que estaba dispuesta a dar charlas de educación afectivo-sexual, a los alumnos de 4º de la ESO, utilizando para ello horas de tutoría de alumnos. Dado que la ONG gozaba de un gran prestigio, los profesores dieron por supuesto que las charlas serían impartidas por médicos y psicólogos experimentados. Por otra parte, como se iban a llevar a cabo en las horas de tutoría, a los profesores les pareció estupendo, porque no afectaban al desarrollo normal de las diferentes asignaturas del curso y, además, como no tenían que estar presentes en las charlas, podían dedicar estas horas de clase a cualquier otra cosa. Nunca he llegado a saber qué enseñanzas recibieron los alumnos, pero sí descubrí, muy sorprendido, que no eran médicos ni psicólogos experimentados los que acudían a dar las charlas, sino unas personas muy jóvenes y, por tanto, sin experiencia. Un día, una profesora les pidió permanecer dentro del aula, para conocer la dinámica y el contenido que se impartía en ellas. Los voluntarios de la ONG le negaron el acceso, con el argumento de que su presencia podía cohibir a los alumnos, y de que era muy importante que los chicos pudieran sentirse libres para preguntar lo que les pareciera. La profesora tuvo que abandonar el aula, pero no se dio por vencida. Se fue a un aula cercana, que estaba vacía, desde la cual se podía ver lo que ocurría en el aula en cuestión. Pronto fue descubierta su estrategia y se corrieron rápidamente las cortinas. Tanto misterio, para algo tan natural, me hizo sospechar que allí había algo raro. Afortunadamente existe internet y las ONG suelen tener espacios para darse a conocer. Eso me permitió averiguar los planteamientos que, sobre los jóvenes y la sexualidad, defendía esa ONG, y quedé horrorizado. Determinadas prácticas que, tradicionalmente habían sido consideradas como perversiones sexuales, eran vistas con toda normalidad y como una opción más en la vida sexual del individuo. Ignoro si esto es lo que se enseñaba en las charlas porque, como he dicho anteriormente, nunca lo he llegado a saber.


Hace pocos años se empezó a celebrar, con gran éxito, una cabalgata denominada "orgullo gay" y, más recientemente, aparecieron el lobby LGTB y un montón de cosas nuevas, como los transexuales, los intersexuales, la homofobia, la transfobia y la LGTBfobia. El lobby ha ido adquiriendo poder en el mundo entero y parece haber abducido a gran parte de la población, de los partidos políticos y de los medios de comunicación. Una de sus conquistas, que me parece buena, ha sido que el homosexual haya dejado de ser objeto de toda clase de chistes y mofas. Con otras estoy en total desacuerdo, como la de que la unión de dos homosexuales sea considerado un matrimonio. Finalmente, que este lobby pudiera estar implicado en la educación sexual de nuestros hijos, me parece un disparate, y que se conculque el derecho de los padres, a decidir qué clase de educación sexual quieren para sus hijos, es totalmente inaceptable. Parece que se ha olvidado que los niños de hoy, como los de ayer, sólo son niños y que la educación sexual sigue siendo un tema igual de delicado y complejo.


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