Martes, 24 de octubre de 2017

El silencio complice

11M, trece años de infamia

11M, una fecha maldita que quedará en los anales de la historia, no solamente por haberse cometido el mayor atentado del sigo XXI en Europa, sino por la rendición de una nación a sus autores. Porque los artífices del mismo contaron desde el minuto uno después de la masacre, no solo con el nulo interés por parte de las instituciones políticas o judiciales por aclarar los hechos, sino con lo que aún es mucho más grave, con la impune ocultación y destrucción de todo tipo de pruebas que condujeran a los culpables. (Desaparición de muestras tomadas por los Tedax, desguace inmediato de los vagones, destrucción de todos los efectos personales de las víctimas, fallo colectivo de las cámaras de grabación de las estaciones?) y su sustitución por un reguero de pruebas-señuelo cuya falsedad era evidente para cualquiera que, con un mínimo de conocimientos y sentido crítico, hubiera seguido su aparición, su naturaleza y su clara intencionalidad. Por supuesto contando siempre con la ayuda inestimable de la mayor parte de los medios de comunicación. Alguna de estas pruebas como el Skoda Fabia, dado su insoportable hedor a falsedad, fue retirada por el propio tribunal del patético juicio, a pesar de la manifiesta adaptación de los miembros de dicho tribunal a semejantes efluvios. Pero se hacía necesario retirar las más evidentemente putrefactas para salvar todas las demás, que podrían ser más hábilmente camufladas para disfrazar la masacre como un atentado islamista como respuesta a nuestra falaz participación en la guerra de Irak. La sentencia no descubrió la verdad, la ocultó. A todo ello habría que añadir asuntos fundamentales no investigados policial ni judicialmente, como lo ocurrido en Leganés, irregularidades periciales, explosivos utilizados, etc

Todas estas anomalías, todas estas falsedades, son de sobra conocidas por mandos policiales, fiscales, jueces, medios de comunicación y dirigentes políticos. Pero, para todos ellos, su afán supuestamente proteccionista de una sociedad inmadura como la nuestra, supera a su sentido del deber y ética profesional. Lo expresó muy bien el juez Bermúdez: "Hay cosas tan graves que es mejor que no se sepan" (literal).Y por supuesto después de trece años el régimen considera que seguimos sin estar preparados para conocer este secreto pactado por todos, y me barrunto que para ellos jamás lo estaremos.

Las características de cualquiera de los atentados islamistas que han ocurrido en otros países, no tienen nada en común con la masacre del 11M, por no hablar de la forma criminal que afecto a la vida política y social de nuestra nación, apenas veinticuatro horas después su ejecución y las consecuencias que desde entonces estamos viviendo. Porque el 11M supuso el comienzo "del tiempo nuevo y el cambio de página" (literal) que cuatro horas después del atentado, pronosticaba alguien con, quizás, información muy privilegiada.

Unas de las cosas que más llaman la atención, por su excepcionalidad, es la consigna de silencio pactada en todo lo referente al atentado, el consenso de olvido y de pasar página, férreamente mantenido entre todos los partidos políticos parlamentarios. Desde el que ostentaba el gobierno, y fue supuestamente víctima política del atentado, hasta los constituidos por terroristas sospechosos en un principio del atentado, una vez seguidas las directrices de las declaraciones de un miembro del grupo abertzale Elkarri, en la mañana del 11M:"esto merece una reflexión sobre la política antiterrorista, sobre el futuro" (literal). Aunque este consenso entre partidos, no es de extrañar si analizamos la deriva a babor que han experimentado unos, la radicalización en el mismo sentido con connotaciones desintegradoras de la nación, de otros, y la prepotencia chulesca de los mimados independentistas. Todos, con más o menos descaro, remando en la dirección marcada por el tiempo nuevo hacia la confederalización de España.

Sin embargo, el silencio impuesto sobre el 11M a veces se rompe, ya sea para acallar posibles voces disonantes que pudieran hacerse oír o bien para señalar nuevos culpables del atentado una vez comprobado que las patrañas con las que han pretendido engañarnos son infumables. Y esto es lo que, a mi juicio, ha sucedido recientemente, con la aparición de dos informaciones, una ampliamente divulgadas por todos los medios de comunicación, la otra más silenciada por el momento.

Me refiero, en primer lugar al informe sobre el 11M elaborado por una brigada de revisión de casos creada por el que fuera jefe de policía, Eugenio Pino y anunciado como una revelación muy importante. En dicho informe, si es el verdadero una vez encontrado después de desaparecido por cajones y armarios, como viene siendo habitual, se señala la posibilidad de que la mochila de Vallecas pudiera ser falsa, porque no hay ninguna garantía de que estuviera en los trenes. Con lo cual, no es que se diga algo desconocido, sino que más bien parece ser una ratificación de la evidencia de las mentiras de la instrucción y posterior sentencia en referencia a dicha mochila, obviando otros muchos datos que delatarían su falsedad. Mediante esta nueva patraña, se achaca su milagrosa aparición a fallos humanos inherentes a la situación dramática del momento y al sentimiento que los embargaba. Como era de suponer, el fiscal jefe de la AN, Javier Zaragoza, nombrado por Zapatero y mantenido por Rajoy, concluyó que el informe no justifica la apertura de ninguna nueva diligencia. O sea, que aunque todos los indicios apuntan a la falsedad de la prueba en la que se ha basado toda la sentencia del caso, hay que tragar con ella.

La otra noticia es la aparición de un documental realizado por el francés Cyrille Martin, en el que se cuestiona la instrucción y sentencia de los atentados del 11M, recopilando parte de las investigaciones realizadas por periodistas españoles. Lo realmente chocante es que el autor pertenece a la izquierda anti OTAN y después de todo lo que hemos visto en relación al 11M, habría que ser cauto con el documental, ya que "a la par que las muchas verdades que sistematiza- puede incorporar otras intenciones además de las que aparenta. Por eso, la satisfacción que puede originar que una personalidad de izquierdas, y extranjera, se sume a la denuncia de gran parte de las pruebas falsas ya sabidas, no debe impedir maliciar el que puede ser el verdadero motivo de su realización, plasmado al final del video, al enmarcar el atentado posiblemente dentro de las operaciones realizadas por las cloacas de la OTAN, creando así nuevas intoxicaciones, y con nuevos objetivos que podrían crear aún más confusión

Trece años después, siguen todos en el empeño del engaño, recordándonos cada vez que la situación así lo requiera, que este durará hasta que el tiempo y la indiferencia lo borren de las mentes de quienes reclamamos saber la verdad.

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