Miercoles, 26 de julio de 2017

Con hipotecas y a lo loco

Cuatro millones de tutores

Vivimos en una sociedad convulsa, esto es una realidad y además no es ninguna novedad porque, a decir verdad, en mayor o menor medida, todas lo fueron.También es verdad que tanto las sociedades como las personas suelen incurrir, en algunas ocasiones, en contradicciones, pero la sociedad actual podíamos decir que bate todos los records porque ha prescindido de la lógica y en multitud de ocasiones niega la evidencia con total desfachatez, llegando incluso a empequeñecer a aquel general tan valiente que en su vocabulario no existía la palabra rendición, él nunca se rendía ni siquiera ante la evidencia.

Los casos de nuestra sociedad no presentan ni siquiera el consuelo de un excesivo valor, aunque sea cerril, más bien persiguen la desestabilización social con el fin de constituir una sociedad acrítica para establecer un totalitarismo real aunque con una fachada pseudo-democrática.

A propósito de lo dicho me viene a la mente los comentarios que me hizo una amiga notario sobre la sentencia del tribunal supremo en torno a las clausulas suelo. Según la sentencia no bastaba para entenderlas con lo expuesto por el notario sino que necesitaban una concienzuda explicación previa por parte del banco.

Ahora bien me argumentaba ella que si por ejemplo una persona paga por un préstamo, con garantía hipotecaria, a un 6 % de interés y que por mucho que suban los intereses nunca subirá por encima del 12 % y por mucho que bajen, no bajará del tres, eso lo entiende cualquier persona sin especiales conocimientos, a no ser que tenga serias deficiencias mentales y si su grado de incapacidad fuese tal (aunque ya sabemos que en realidad es de desfachatez) no sólo habría que eliminar la clausula sino la totalidad del préstamo hipotecario y la venta previa, lo cual iba a producir la ineficacia absoluta de nuestra justicia por parálisis total.

Pero con ser grande el problema anterior es sumamente pequeño ya que dado el número de hipotecas de este tipo y que en cada una de ellas normalmente firmaban dos personas y muchas veces, tres, cuatro y hasta seis, porque además de la garantía real, en bastantes ocasiones, había fiadores nos encontramos con que posiblemente en España a parte de los ya existentes hay por lo menos "groso modo" unos cuatro millones de incapaces que por supuesto no pueden comprar un coche no pueden hacer prácticamente ningún tipo de transacción mercantil ni acudir a un banco, sería muy difícil encontrarles un trabajo adecuado        a su ínfima capacidad mental y por lo tanto deberían ser incapacitados, debiendo dotárseles por tanto, según el alcance de su debilidad mental, bien de un tutor, bien de un curador.

No creemos que ni el mismísimo Hércules estuviese capacitado para abordar la incapacitación de cuatro millones de personas en España y buscarles sus respectivos tutores, ya que entre unos y otros deberíamos movilizar casi al veinte por ciento de la población española.

Conclusión, es peligroso juagar a ser el zorro o el llanero solitario cuando uno tiene responsabilidades institucionales.


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