Jueves, 22 de abril de 2021

Repasó los principales acontecimientos eclesiales del año

Importante discurso del Papa en su felicitación navideña a la Curia

CIUDAD DEL VATICANO, 20 DIC 2010 (VIS).- Recordando los eventos principales de 2010, el Papa se refirió al Año sacerdotal, que comenzó "con gran alegría y gracias a Dios, concluimos con mucha gratitud, a pesar de que se desarrollara de una manera tan diferente de cómo habíamos esperado.

En nosotros sacerdotes y en los laicos, precisamente también en los jóvenes, se ha renovado la conciencia del don del sacerdocio de la Iglesia Católica, que nos ha sido confiado por el Señor.

Una vez más -dijo-, hemos sido conscientes de lo hermoso que es que haya seres humanos autorizados a pronunciar en nombre de Dios y con pleno poder la palabra perdón, y que así sean capaces de cambiar el mundo, la vida; qué hermoso es que seres humanos estén autorizados a pronunciar las palabras de la consagración, (...) qué  hermoso es poder estar, con la fuerza del Señor, cerca de la gente en sus alegrías y sufrimientos".     

"Nos ha sorprendido precisamente este año que en una dimensión inimaginable, hayamos conocido la existencia de abusos contra menores por parte de sacerdotes, que convierten el Sacramento en su contrario: bajo el manto de lo sagrado hieren profundamente a la persona humana en su infancia y le producen un daño para toda su vida".    

El Papa señaló que en este contexto le había venido a la mente "una visión de Santa Hildegarda de Bingen, que describe de modo sorprendente lo que hemos experimentado este año".    

"En la visión de Santa Hildegarda, el rostro de la Iglesia está cubierto de polvo, y así lo hemos visto. Su vestido está desgarrado -por culpa de los sacerdotes-.

Al igual que ella lo vio y expresó, así lo hemos vivido este año. Debemos acoger esta humillación como una exhortación a la verdad y una llamada a la renovación. Sólo la verdad salva.

Debemos preguntarnos qué podemos hacer para reparar todo lo posible la injusticia producida. Tenemos que preguntarnos en qué nos hemos equivocado en nuestro anuncio, en nuestro modo de configurar el ser cristiano, de modo que pudiese suceder una cosa así".    

"Tenemos que encontrar -añadió- una nueva determinación en la fe y en el bien. Debemos ser capaces de penitencia. Debemos esforzarnos por hacer todo lo posible, en la preparación al sacerdocio, para que no se repita una cosa como esta. Este es también el lugar para agradecer de corazón a todos aquellos que están comprometidos en ayudar a las víctimas y en restablecer su confianza en la Iglesia, la capacidad de creer en su mensaje".    

Benedicto XVI recordó que en sus encuentros "con las víctimas de este pecado", siempre había hallado a "personas que con gran dedicación, están junto a quien sufre y  ha sufrido daños. Esta es la oportunidad para agradecer también a tantos sacerdotes buenos que transmiten con humildad y fidelidad la bondad del Señor, y en medio de las devastaciones, son testigos de la belleza no perdida del sacerdocio".    

"Somos conscientes -afirmó- de la especial gravedad de este pecado cometido por sacerdotes y de nuestra correspondiente responsabilidad. Pero no podemos permanecer en silencio sobre el contexto en el que se dan estos eventos. Hay un mercado de la pornografía de los niños, que de alguna manera parece ser considerado cada vez más por la sociedad como algo normal. La devastación psicológica de los niños, en la que seres humanos son reducidos a un producto del mercado, es un terrible signo de los tiempos".    

El Santo Padre mencionó posteriormente el problema de la droga, "que con una fuerza creciente extiende sus tentáculos de pulpo en todo el mundo. (...) Todos los placeres resultan insuficientes y el exceso en el engaño del encanto se convierte en una violencia desgarra regiones enteras, y esto en nombre de un fatal malentendido de la libertad, donde precisamente la libertad del ser humano es socavada y al final totalmente anulada".     

 "Para oponernos a estas fuerzas debemos revisar sus fundamentos ideológicos. En los años setenta, la pedofilia se teorizó como algo totalmente conforme con el hombre y con el niño. Sin embargo, esto formaba parte de una perversión fundamental del concepto de "ethos". (...) Nada sería en sí mismo bueno o malo. Todo dependería de las circunstancias y de la finalidad perseguida. (...) La moral es sustituida por un cálculo de las consecuencias y por lo tanto deja de existir. Los efectos de estas teorías hoy son evidentes. Frente a ellos, el Papa Juan Pablo II, en su encíclica "Veritatis splendor", de 1993, indicó con fuerza profética en la gran tradición racional del "ethos" cristiano las bases esenciales y permanentes del actuar moral. Este texto debe proponerse nuevamente como camino en la formación de la conciencia".    

Benedicto XVI citó a continuación el Sínodo de las Iglesias de Oriente Medio, que comenzó con la entrega del "Instrumentum laboris" durante su viaje a Chipre en el mes de junio. "Aunque todavía no hayamos alcanzado la comunión plena -dijo el Papa refiriéndose a la Iglesia Ortodoxa- hemos constatado (...) que la forma básica de la Iglesia antigua nos une profundamente: el ministerio sacramental de los obispos como  portadores de la tradición apostólica, la lectura de la Escritura según la hermenéutica de la "regula fidei", la comprensión de la Escritura en la unidad multiforme centrada en  Cristo, desarrollada gracias a la inspiración de Dios y, por último, la fe en la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia".    

"Hemos visto la rica cultura cristiana del Oriente. Pero también el problema del país dividido. Han salido a la luz las culpas del pasado y las heridas profundas, pero también el deseo de paz y de comunión que había existido antes. Todos son conscientes de que la violencia no reporta progreso-, de hecho ha creado la situación actual. Sólo mediante el compromiso y el entendimiento mutuo se puede restaurar la unidad. Preparar a las personas a esta actitud de paz es una tarea esencial de la pastoral".    

 "El Sínodo amplió su mirada a todo Oriente Medio, donde conviven fieles pertenecientes a diversas religiones y a múltiples ritos y tradiciones distintas. (...) Los  disturbios de los últimos años han hecho que se tambalease la historia de la con-división, (...) de modo que una y otra vez, somos  testigos de actos de violencia que ya ni siquiera respetan lo que es sagrado para el otro. (...) En la situación actual, los cristianos son la minoría más oprimida y torturada. Durante siglos han vivido en paz con sus vecinos, judíos y musulmanes. En el Sínodo hemos escuchado las sabias palabras del Consejero del Muftí de la República del Líbano contra los actos de violencia contra los cristianos. Dijo que cuando se hiere a los cristianos a ellos también se les hiere. Lamentablemente, ésta y otras voces de la razón, a las que estamos profundamente agradecidos, son demasiado débiles. También en este caso, el obstáculo es la conexión entre el afán de lucro y la ceguera ideológica".    

 "Sobre la base del espíritu de la fe y de su racionalidad -prosiguió el Papa- el Sínodo ha desarrollado un gran concepto del diálogo, el perdón mutuo y la aceptación, un concepto que ahora debemos proclamar al mundo. El ser humano es uno sólo y la humanidad es una sola. Lo que se hace  en cualquier lugar contra el ser humano al final daña a todos. Las  palabras (...) del Sínodo deben ser un aldabonazo para todas las personas con responsabilidades políticas o religiosas para que pongan freno a la cristianofobia, se levanten para defender a los refugiados y a los que sufren y revitalicen  el espíritu de reconciliación".    

El pontífice abordó a continuación su viaje a Reino Unido, en septiembre, durante el cual beatificó al cardenal John Henry Newman. El hilo conductor de su argumentación fue "la responsabilidad de los cristianos en esta época y la tarea de la Iglesia de anunciar el Evangelio".    

Refiriéndose a su encuentro con el mundo de la cultura en Westminster Hall, el Papa citó las palabras de Alexis de Tocqueville, cuando observó que "en América la democracia fue posible y funcionó porque había un consenso moral básico que yendo más allá de las denominaciones individuales, unía a todos. Sólo si existe un consenso en lo esencial, las constituciones y el derecho funcionan. Este consenso fundamental procedente del patrimonio cristiano está en peligro cuando la mera racionalidad suplanta el lugar de la razón moral. (...) Esta es una ceguera de la razón ante lo esencial. Luchar contra esta ceguera y conservar la capacidad de ver lo esencial, de ver a Dios y al ser humano, lo que es bueno y lo que es verdadero, es el interés que debe unir a todos los hombres de buena voluntad. Está en juego el futuro del mundo".    

Del cardenal Newman el Papa subrayó su conversión "a la fe en el Dios vivo", en la que reconoce que "Dios y el alma, el ser mismo del hombre, en ámbito espiritual, constituyen lo que es verdaderamente real, lo que es importante. (...) Cuando la conversión es así no cambia sólo una teoría, cambia la forma fundamental de la vida. Todos necesitamos esa conversión una y otra vez: entonces estamos en el camino acertado".     "La fuerza motriz que impulsó a Newman a lo largo del camino de la conversión fue la conciencia -subrayó el Santo Padre- (...) entendida como la capacidad de verdad del ser humano, la capacidad de reconocer en las áreas decisivas de la vida -la religión y la moral- (...) la verdad. La conciencia, la capacidad del ser humano de reconocer la verdad, le impone al mismo tiempo el deber de caminar hacia ella, (...) y de someterse a ella cuando la encuentra. (...) El camino de la conversión de Newman es un camino de la conciencia -un camino que no es el de la subjetividad que se afirma, sino por el contrario, el de obediencia a la verdad que poco a poco se abría ante él".  

  Por último, el Papa habló brevemente de sus viajes a Malta, Portugal y España, donde "se hizo visible una vez más que la fe no es una cosa del pasado, sino un encuentro con el Dios que vive y actúa  ahora".

Fotografía de Reuters Pictures tomada de www.daylife.com


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