Martes, 25 de febrero de 2020

Algunas preguntas y respuestas entorno al Catecismo

La Resurrecion

                              “Tras la muerte, el Credo nos habla de la sepultura de Cristo. Esta sepultura nos habla de que, efectivamente, el Señor “gustó la muerte”, conoció el estado de muerte, “el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la Cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos” (nº 624)”.                                

“El paso de Cristo por el sepulcro nos dejará los testimonios más preciosos de esta etapa: la Sábana Santa y el Sudario de Oviedo. Son testigos mudos de la resurrección cuya autenticidad, sin embargo, la Iglesia no obliga a aceptar

                                “Después de su muerte y antes de su resurrección, el Señor “descendió a los infiernos”. Es necesario explicar el significado de esta frase y el Catecismo nos ayuda a ello con los siguientes artículos: “Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos” (nº632). “Jesús no bajó a los infiernos para liberar allí a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido” (nº 633).     “En la expresión ‘Jesús descendió a los infiernos’, el símbolo confiesa que Jesús murió realmente, y que, por su muerte en favor nuestro, ha vencido a la muerte y al diablo ‘Señor de la muerte’” (nº 636). Queda claro, pues, que el descendimiento a los infiernos fue una continuación de su misión salvadora, que era justo que llevara a cabo pues no iba a beneficiar sólo a los justos que todavía no habían muerto, sino a todos aquellos que, habiendo pasado ya de este mundo, habían sido fieles a su conciencia. Pero ese descendimiento en ningún caso representa un sometimiento al poder del Maligno. Al contrario, fue a su morada para recuperar a los que no eran suyos. “En adelante -dice también el Catecismo-, Cristo resucitado tiene las llaves de la muerte y del Hades” (nº 635)”.

“La cuestión de la historicidad de las apariciones es decisiva. Por ello son muchos los que han querido quitarles importancia diciendo que, por su naturaleza, están fuera de la historia. El Catecismo es claro al respecto, aludiendo a lo que cuentan los que vieron a Cristo Resucitado: “Ante estos testimonios es imposible interpretar la Resurrección fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico” (nº 643). La Resurrección, por lo tanto, es un hecho histórico, pues lo que acontece tiene lugar en la historia de los hombres que viven en esta tierra, sujetos a la medida del tiempo. Cristo muere y Cristo resucita. Los apóstoles y las mujeres pueden comprobarlo de una manera palpable, tanto como para abrazar sus pies, verle ingerir alimento o introducir sus dedos en los agujeros de los clavos. Cristo resucitado no es una visión, ni el fruto de una sugestión o una alucinación colectiva. Mucho menos es la consecuencia de una invención elaborada para poner en marcha un mito, una leyenda, que generara grandes beneficios a sus creadores


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