Miercoles, 22 de mayo de 2019

refundacion de la derecha

La tercera oportunidad

Parece ser que Pedro Sánchez ha dado con la ecuación que le llevará a La Moncloa. O sea:
PSOE + Podemos + PNV = PP + C?s + 2
El candidato socialista puede ser investido presidente del gobierno en una segunda votación (por mayoría simple), con los votos de PSOE, Podemos, PNV y la abstención de los nacionalistas catalanes y Bildu. IU con toda seguridad votará también a favor de Sánchez, pero a este le bastaría incluso su abstención. El único voto de Coalición Canaria no sería en ningún caso decisivo.
Un gobierno con el apoyo de la izquierda más totalitaria de Europa es sin duda muy mala noticia para España, aunque lo peor estaría por venir. Sánchez previsiblemente durará poco, porque lo que le interesa a Pablo Iglesias es llegar cuanto antes al poder, acabar con la Constitución vigente e implantar un régimen personalista y revolucionario. Adiós al Estado de derecho, adiós a la prosperidad, adiós a Occidente. Compatriotas, es lo que habéis votado; luego no os quejéis.
Queda sin embargo un pequeño resquicio de esperanza. Aunque dure efectivamente poco, en esta legislatura podríamos ver la refundación de una derecha seria y decente. Sólo de ella puede venir la salvación de nuestra nación; la izquierda no ha hecho más que truncar todo período de paz y de progreso que hemos conocido. Primero contribuyó decisivamente, con la violencia y la propaganda, a destruir el régimen de la Restauración, un período con sus luces y sus sombras, pero de avances innegables. No contenta con eso, la izquierda se cargó la Segunda República, para acabar siendo derrotada por Franco.
Sería una ironía cruel que la democracia actual, que en cierto modo ha sido una Segunda Restauración, pereciera a manos de un individuo llamado Pablo Iglesias, como aquel botarate fundador del PSOE que tanto ayudó a dinamitar la primera. Lo único que podría evitar esta fatal jugarreta del destino es que apareciera una alternativa seria a la izquierda.
Ahora bien, para la refundación de la derecha no bastaría con que se marchara Mariano Rajoy, aunque sí sería condición sine qua non, estando más que demostrada su absoluta incompetencia. Ni bastaría tampoco que el PP siguiera eludiendo su democratización interna, y que se apoderara de él otra camarilla de especialistas en medrar en los pasillos y adular al jefe de turno, carente por completo de principios.
El renacimiento no puede consistir sólo en una mera cuestión de nombres, sino ante todo en una recuperación de ideas y de valores que nunca debieron haberse postergado. Se requiere una derecha que defienda con claridad y firmeza el imperio de la ley, la propiedad privada y el mercado libre; que se atreva a abrir un debate sobre los tabúes socialdemócratas, como se ha hecho desde hace tiempo en los propios países escandinavos. Una derecha que defienda la unidad de España no sólo con retórica de leguleyos; que aborde una revisión en profundidad del Estado autonómico, estableciendo un marco legal en el que cualquier autoridad que simplemente anuncie la subversión del orden constitucional (no reformarlo por los cauces legales) sea depuesta y procesada judicialmente, como se hace en cualquier país civilizado. Se requiere, por último, aunque sea lo primero en importancia, una derecha que proteja la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, y defienda la familia formada por un hombre y una mujer, con libertad para elegir la educación de los hijos, como el mejor modelo de todos, abandonando el relativismo, y plantándose frente al totalitarismo de la ideología de género y el laicismo radical.
Estas ideas son compartidas por millones de españoles, pese a que el único partido que las ha proclamado a la vez y sin remilgos (Vox) apenas ha obtenido 58.000 votos. Esta ridícula cifra no debería engañarnos. El partido liderado por Santiago Abascal ha tenido en contra el voto útil al PP, por el que se han decantado millones de ciudadanos que piensan como Vox pero no se han atrevido a votarlo, por temor al frente de izquierdas que de todos modos no han podido evitar.
No importa si la refundación de la derecha viene del pequeño Vox, del Partido Popular o de algún tipo de fusión o coalición de ambos, aun siendo esto último muy deseable para que no se malgasten esfuerzos. Lo importante son las ideas, no las siglas.
Eso sí, defender dichas ideas implica estar preparado para el ataque enfurecido que recibirán desde todos los sectores y baluartes progresistas, y que en esencia consistirá en la acusación de ultraderechismo. Para ello, y entre otras cosas, la derecha renovada deberá fijar de una vez por todas una posición clara (y sin melindres: "hay que mirar al futuro", etc.) frente a la dictadura de Franco. Dejando claro su absoluto compromiso con el Estado de Derecho y la democracia (por si hiciera falta), pero reivindicando, por mero respeto a la verdad, los aspectos positivos que tuvo la sociedad bajo el régimen franquista, como fueron el crecimiento económico, los bajos niveles de desempleo y de delincuencia, la calidad de la enseñanza o la solidez de la familia.
Y cuando la izquierda saque a relucir las fosas comunes (lo que de todos modos ya hace), no habrá más que recordarle las suyas, en España y en todo el mundo, con cien millones de muertos en el debe del comunismo. Unos muertos no justifican los otros, pero ya está bien de que una izquierda que ha provocado más sufrimiento que ningún otro movimiento político de la historia nos dé una sola lección de ética más.
Puede que, tras las mayorías absolutas de Aznar y de Rajoy, la derecha ya no tenga una tercera oportunidad. Quizás ya sea tarde para corregir el craso error, cometido por ambos gobernantes (aunque con desiguales eximentes o agravantes) de pensar que basta una razonable gestión de la economía para quitarle razones a la izquierda "cuando esta no se basa en razones, sino en sentimientos y en mentiras. Refundar la derecha tal vez sea un bonito sueño de invierno junto a la estufa; pero no nos queda otra que luchar por él, cada uno en la medida de sus posibilidades.




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