Lunes, 22 de julio de 2024

Justicia social ha acabado siendo un termino polémico

La trampa de la Justicia social

Por fin se ha abierto en las últimas semanas el debate sobre la justicia social, ese ídolo intocable. Creo que la idea viene de la de justicia distributiva en Aristóteles: "Es la que se practica en las distribuciones de honores, o dinero, o cualquier otra cosa que se reparta entre los que tienen parte en el régimen" (Ética a Nicómaco, 1130b). Presupone un Estado que es omnisciente (pues conoce cuánto necesita o merece recibir cada uno) y omnipropietario: posee todos los bienes y puede, por tanto, distribuirlos entre sus súbditos. Sí, presupone un marco "socialista" en sentido amplio.

En una economía libre como (solía ser) la nuestra resulta más pertinente el concepto aristotélico de justicia sinalagmática, que se refiere a intercambios horizontales y voluntarios, no a distribuciones verticales. Aquí la idea es que cualquier distribución de bienes que resulte de acuerdos, negocios, intercambios en los que no haya violencia o dolo, es justa por definición, aunque comporte desigualdades. En el mercado opera la justicia sinalagmática, no la distributiva. Y fue el mercado lo que sacó a Occidente -y, más tarde, a buena parte del resto del mundo- de la miseria. Si todos los españoles pudimos comer (y, más tarde, incluso educarnos, tener cobertura sanitaria, ir a la Universidad, etc.) fue gracias a la riqueza que creaban las empresas, no gracias a la redistribución estatal. ¿Necesitaré recordar que los subsidios públicos se financian con lo que el Estado ha arrebatado previamente por vía fiscal a empresas y particulares?

Todos coincidimos en que en un país civilizado nadie debe quedar sin educación o asistencia sanitaria por carecer de recursos. Pero esa cobertura de necesidades básicas ya se estaba consiguiendo por vías no estatales en el siglo XIX y primera mitad del XX: a través de la filantropía privada, o de las mutuas, cooperativas, friendly societies… Ahora bien, desde la Segunda Guerra Mundial el Estado del Bienestar reclamó para sí el monopolio de los servicios sociales. Las vías no estatales de autoprovisión decayeron, incapaces de competir con el Estado. Decayó incluso la filantropía privada: ¿para qué dar limosna, si el Estado ya se ocupa de los pobres?

El sistema asistencial, concebido inicialmente como una red de seguridad para una minoría muy desvalida, se convirtió en "derechos económicos y sociales": derechos universales, independientes del nivel de renta. Todos los ciudadanos pasaban así a depender del Estado para su bienestar. El resultado fue el crecimiento constante del presupuesto público, del número de funcionarios, de los impuestos, del peso del Estado, de los déficits y la deuda pública… Sí, la idea de justicia social nos llevó a los actuales Estados socialdemócratas, hipertrofiados, asfixiantes, empobrecedores. En Argentina recorrieron ese camino hasta el final; Milei ha sido el loco que se ha atrevido a gritar que el emperador de la justicia social está desnudo (hace 45 años lo hicieron otros: Thatcher y Reagan; también ganaron).

La alternativa a la "justicia social" no es un escenario de pobres muriéndose en las aceras por falta de recursos para pagarse un hospital. La alternativa sería una sociedad en la que, con una presión fiscal que fuese muy inferior a la actual, la gran mayoría de la gente se las arreglase muy bien por sí misma, sin depender de papá Estado: imagine lo que crecería su salario neto con impuestos y cotizaciones rebajados, pongamos, en un 50%. Imagine los colegios privados y seguros médicos privados que podría pagar con ese plus. Eso sin contar el enorme salto de competitividad que experimentaría una economía liberada de parte del dogal fiscal. ¿Quién hubiera dicho que Irlanda, el país del que huía la gente en el siglo XIX para no morir de hambre, iba a ser la nación más rica de Europa, por encima de Alemania o Escandinavia? El motor del éxito irlandés no ha sido la justicia social -o sea, la redistribución estatal de la riqueza- sino la libertad económica y los impuestos bajos.

Hay otras vías intermedias que permitirían quitarle poder y peso al Estado sin que nadie se quedase sin educar o curar: el cheque escolar, el cheque sanitario, las "cuentas de ahorro sanitario"… En Suecia tuvieron que usarlas en los 90, cuando el gasto público, impulsado por una justicia social insaciable, había llegado a representar el 70% del PIB y puesto al país al borde de la bancarrota. El chileno Mauricio Rojas lo explicó muy bien.

Se podrían cubrir las necesidades de todos con un Estado mucho más ligero y una sociedad mucho más autosuficiente. Pero para eso hay que sustraerse al conjuro de las palabras mágicas del estatismo. "Justicia social" es la más poderosa de ellas.

Y sí, Milei tiene razón: la "justicia social" implica la aspiración a vivir a expensas de otros. Implica que el Estado debe quitar a los que más tienen (presuponiendo, pues, que su riqueza es ilegítima) y repartir entre los que menos (por el camino ya sabemos que se escurrirán cantidades ingentes de sueldos funcionariales y gasto político, pero no es esa ahora la cuestión). "En el Estado del Bienestar todo el mundo termina con la mano metida en el bolsillo de otro", escribió el maestro Rodríguez Braun.

¿No es más noble el ideal liberal del ciudadano autosuficiente, independiente del Estado, que se gana el sustento con su propio esfuerzo? ¿No es más digna y vivible una sociedad de emprendimiento y autorresponsabilidad que una de asistencia y subsidios? ¿Por qué la doctrina social de la Iglesia no ha considerado esta forma de justicia? "En lugar de una sociedad de creadores de riqueza, el Estado socialdemócrata [en alas de la "justicia social"] termina produciendo una sociedad de tomadores de riqueza", escribe el padre Robert Sirico. ¿No es moralmente superior una sociedad en la que la gente compite por ofrecer a los demás bienes que estos aprecien a otra en la que la gente exige al Estado que le resuelva la vida?

Y, por cierto, Sirico tiene una respuesta para los que dicen que el libre mercado es un mito y que "no ha existido en ningún sitio": "Cuéntenle eso a mi abuelo. Vino a América con 35 dólares en el bolsillo; sin embargo, casi todos sus trece hijos se convirtieron en clase media. El capitalismo, rectamente entendido y aplicado, ha sacado a muchos millones de personas de una pobreza abyecta y les ha permitido usar habilidades y talentos que nunca habrían sabido que tenían [si el Estado les hubiese mantenido], y construir oportunidades que sus abuelos nunca soñaron que fueran posibles. La economía libre es un sueño digno de nuestra imaginación espiritual" (Defending the Free Market, p. 6)


Comentarios

No hay comentarios sobre esta noticia.

Comentar

Columnistas

La trampa de la Justicia social

La alternativa a la "justicia social" no es un escenario de pobres muriéndose en las aceras por falta de recursos para pagarse un hospital. La alternativa sería una sociedad en la que, con una presión fiscal que fuese muy inferior a la actual, la gran mayoría de la gente se las arreglase muy bien por sí misma, sin depender de papá Estado. Publicado en el centro Covarrubias

Por Francisco J Contreras Leer columna

Miguel Bernad en la revuelta

Este hombre de 82 años ha hecho más daño al sanchismo en dos meses que Feijóo y sus diputados en esta legislatura

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

"Agenda 2033, nueva y eterna"

  En su libro “Agenda 2033, nueva y eterna”, Eduardo Granados presenta una propuesta para que pongamos nuestra mirada en 2033, fecha en la que se cumplen dos mil años de la Redención. En 2033 confluyen las celebraciones del bimilenario de la institución de la Eucaristía, de la muerte y resurrección de Cristo y del nacimiento de la Iglesia. En esta entrevista el autor nos da las claves de esta original propuesta.  

Por Teodoreto de Samos Leer columna

Ningun margen

Detrás de tanta normativa milimétrica se agazapa una desconfianza descomunal en la gestión privada, que actúa como un implícito reproche moral. Publicado en El Debate

Por Enrique García MáiquezLeer columna

¿Son los derechos humanos una idea tóxica?

Occidente no perdió el rumbo en 1776, sino en 1917 y 1968.

Por Francisco J Contreras Leer columna

San Fernando: el rey y el gobernante

Sólo el advenimiento de los Reyes Católicos, y el resultado de su prodigiosa obra, pudo superar, andando el tiempo, esa primacía en la memoria de los castellanos. Pero para ello hubieron de pasar casi doscientos cincuenta años Publicado en El Debate

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

Goma 2 Eco asturiana ¡y ya vale!

Cabe resaltar aquí lo afirmado por el fiscal jefe de la Audiencia Nacional: "En definitiva, da igual el explosivo que se utilizara, lo cierto es que todas las pruebas apuntan a que estos personajes fueron los que cometieron ese atentado y la trama asturiana proporcionó los explosivos" (sic).

Por Ana María Velasco Plaza Leer columna

¿Por qué no una Europa gaullista?

El papel rector de la Comisión Europea —que concentra todo el poder ejecutivo y gran parte del legislativo de la UE, pero no responde ni ante los Gobiernos nacionales, ni ante los ciudadanos europeos ni ante el Parlamento Europeo— es el principal instrumento de ese proceso de supranacionalización   Publicado previamente en LA GACETA

Por Francisco J Contreras Leer columna

Prescripción del 11M, humillante final de una nación

No sé si las palabras del juez ponente del proceso del 11M -"hay cosas tan graves en el 11-M que por ahora es mejor que no se sepan"- están ahora más en vigor que nunca antes. 

Por Ana María Velasco Plaza Leer columna

FELIZ NAVIDAD

Un año más enviamos nuestra felicitación navideña a nuestros lectores

Por Editorial Leer columna

LA PROPOSICION DE LEY DE AMNISTIA Y NUESTROS DIPUTADOS

A propósito de este acuerdo vienen a la memori las palabras de San Agustín en La ciudad de Dios, si no se respeta la justicia, ¿Qué son los Estados sino grandes bandas de ladrones?. 

Por José Luis LafuenteLeer columna

Encuesta
¿Logrará la ciudadanía frenar la ley de amnistía?

a) no, el gobierno lo tiene todo "bien atado"
b) sí, la fuerza del pueblo es imparable

Dignidad Digital, S.L. E-mail: redaccion@dignidaddigital.com
logo