Viernes, 10 de julio de 2020

El coronavirus y la muerte de George Floyd han provocado el despertar público de este grupo heterodoxo, infiltrado en las fuerzas de seguridad norteamericanas.la guerra es posible pero loque se dice del movimiento parece querer confundir mas que analizar

Los 'boogaloo', el movimiento que persigue el estallido de la segunda guerra civil en Estados Unidos

Las imágenes de sus integrantes, los 'bois', captadas durante las protestas describen a un militante tipo: varón, armado, camisa hawaiana, vello facial. Sin embargo, solo son la cabeza visible de un movimiento profundamente heterodoxo que tiene sus raíces en la emergencia de la última ola de movimientos extremistas, muchos de ellos nacionalistas, en los foros radicales de la web 4Chan --el caldo de cultivo de multitud de fenómenos virales adscritos a la nueva ultraderecha norteamericana --.

Sin embargo, el movimiento 'boogaloo' no se adscribe a una ideología concreta. Su idea principal, la destrucción del Estado federal estadounidense, acoge desde anarquistas a libertarios, acoge desde neonazis a subgrupos antirracistas, desde miembros de las fuerzas de seguridad descontentos con el rumbo que está adquiriendo la propia institución a enemigos de la brutalidad policial, y a simpatizantes de un amplio espectro de organizaciones extremistas: Proud Boys, Oath Keepers, Three Percenters, los Ciudadanos Soberanos o el mismo Ku Klux Klan.

Una de las principales definiciones es la que aporta la experta en grupos extremistas domésticos de la Universidad Americana, Cynthia Miller-Idris, que describe el movimiento como "un colectivo unido contra la tiranía del Gobierno para lanzar una violenta insurrección contra las autoridades y comenzar una segunda guerra civil". Siguiendo el espíritu viral y paródico de los foros donde nació, el término "boogaloo" emerge de una película musical de 1984 titulada 'Breakin' 2: Electric Boogaloo', considerada una de las peores secuelas de la historia del cine.

PRESENCIA DIGITAL

Los 'boogaloo' están presentes en absolutamente todas las plataformas digitales de envergadura: Reddit, Twitter, Discord, YouTube, Pinterest, TikTok o Gab. Sin embargo, sus dos pilares principales son Facebook y Telegram. Según la organización Bellingcat y el Tech Transparency Project (TTP) a finales de abril se tenía constancia de 125 grupos activos en Facebook. Las protestas han reducido y condensado estos grupos en los últimos meses, a poco menos de un centenar, con unos 75.000 miembros.

Los posts investigados por la ONG estadounidense de activismo ciudadano Avaaz contienen "llamadas explícitas a la violencia armada, mensajes repletos de eufemismos sobre la próxima insurrección, informaciones falsas sobre las protestas y amenazas contra dos grandes objetivos de los grupos conspiracionistas como son Bill Gates y George Soros.

Pero ni siquiera el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, icono de la nueva derecha, está exento de críticas. Su lema "Ley y orden", usado hasta la saciedad durante las protestas contra la muerte de Floyd, ha sido repudiado por algunos usuarios. "No deseamos 'ley y orden', porque representan lo que significa este sistema podrido. Cualquier cosa que contribuya a la fricción solo puede ayudarnos a largo plazo. Todo lo que contribuya a la estabilidad es nuestro enemigo", señala una publicación de Telegram recogida por 'The Intercept'.

Y si bien algunos de los grupos de Facebook investigados exhiben banderas multicolor u otra iconografía inclusiva -- "Si hay algún momento para que estemos todos unidos en libertad, es éste", apuntaba un mensaje -- sus responsables son recibidos con escepticismo, cuando no desdén, por otros afiliados. En realidad, las preocupaciones particulares de cada grupo quedan sometidas en cierto modo al objetivo final: la disolución de la cohesión social como paso inmediato al "Gran Boogaloo", la segunda guerra civil que desembocará en la destrucción del Estado norteamericano.

"Todo se centra ahora mismo en la tiranía. Su mensaje es 'Estamos contra la tiranía, tiranía, tiranía'", apunta a Voice of America la profesora e investigadora sobre el extremismo online de la Universidad de Elon, Megan Squire. Los 'boogaloo' llevaban años esperando un momento de debilidad de las autoridades para pasar a la acción, y finalmente tuvieron la oportunidad en marzo, aprovechando el descontento provocado en cierto sector de la población con las medidas de restricción y confinamiento declaradas por las autoridades con motivo de la epidemia de coronavirus que comenzó a asolar el país.

ESCALADA DE VIOLENCIA

En marzo, agentes del FBI mataron a tiros a Timothy Wilson, un hombre de Misuri de 36 años con vínculos neonazis que planeaba un atentado contra un hospital de Kansas el mismo día en el que comenzó el confinamiento. Wilson había declarado a un agente encubierto su intención de "crear el caos suficiente como para iniciar una revolución". Wilson llamó a esta iniciativa 'Operación Boogaloo'.

Un mes después, Aaron Swenson, un hombre de Arkansas de 36 años, fue arrestado tras amenazar con matar a un agente de Policía en un vídeo publicado en Facebook Live. "Tengo ganas de cazar a los cazadores", escribió en su página de Facebook, donde existían varias menciones al movimiento 'boogaloo', según la Policía.

Ese mismo mes, en el estado de Nevada, tres hombres -- el reservista del Ejército Andrew Lynam, el exmarine Stephen Parshall y el exaviador de la Fuerza Aérea William Loomis --, fueron detenidos por planear una serie de actividades "disruptoras" de perfil bajo, como la destrucción de una estación de guardabosques, con la intención de soliviantar a la población contra objetivos institucionales.

Alarmadas por la repetición de casos, las autoridades estadounidenses desarrollaron durante las semanas siguientes una evaluación en firme del grupo. Los resultados revelaron una amenaza que iba mucho más allá del tradicional figura del terrorista 'lobo solitario'. En su lugar, advertían de la emergencia pública que representaban "los seguidores violentos de la ideología 'boogaloo' insertados, de manera significativa, en las entidades policiales estadounidenses".

La demostración no tardó en llegar. A mediados de este mes, un presunto extremista antigubernamental fue acusado del asesinato de un oficial de seguridad federal de California durante el apogeo de las protestas y los disturbios contra la muerte de Floyd. El detenido era el sargento de la Fuerza Aérea Steven Carillo, que presuntamente mató a tiros a David Patrick Underwood mientras éste custodiaba un edificio en la ciudad de Oakland.

Carillo también ha sido acusado de matar a tiros a un adjunto del sheriff del condado de Santa Cruz, identificado como Damon Gutzwiller. Junto a Carillo fue detenido otro cómplice, Robert Justus. Ambos están acusados de 19 cargos y bajo vigilancia de confinamiento. "Vinieron a Oakland a matar policías", denunció el agente del FBI John Bennett.

Antes de ser detenido, Carillo escribió (presuntamente con su propia sangre) varias frases vinculadas al movimiento en el capó de un automóvil que había robado. "Esto ha comenzado en la costa oeste, pero tiene que seguir a nivel nacional. Es una gran oportunidad para que se apunte la 'sopa especial de bois'", escribió días antes en Facebook, en referencia al término que describe a los integrantes del movimiento en las fuerzas de seguridad. Diecisiete minutos después, Justus respondió: "Vamos a bailar"


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