Martes, 20 de febrero de 2018

Mazepa, un estreno a nivel nacional

Reconozco que siempre es gratificante poder asistir al estreno de una ópera inédita no sólo en nuestra temporada sino en toda España. La diversidad de repertorio es algo que se agradece pues ensancha el horizonte del conocimiento y del disfrute. Si además la obra salió de la pluma de un compositor de la altura del autor ruso, aunque no sea su mejor obra, aún más.

Tchaikovsky elaboró personalmente junto con Viktor Burenin el libreto, basándose en el poema Poltava de su compatriota Aleksandr Pusckin, en él se relata la leyenda de un personaje con base histórica, el cosaco Mazepa, que tanto inspiró a los poetas y a los pintores románticos; la historia de un page, que en algunas versiones es polaco, en otras, ucraniano, en la corte polaca donde entabla amores con una noble,  pasión que desencadenará la cólera del marido de ésta quien lo condena a ser atado desnudo a la espalda de un caballo salvaje y a vagar al capricho de la montura por parajes agrestes e inhóspitos. Sucede que el caballo, también ucraniano, vuelve a su origen con su montura casi agonizante donde es recatado por los cosacos que lo convierten en un gran héroe a las órdenes del zar ruso. Al contrario que la mayoría de los artístas que pusieron sus ojos en esta historia, el compositor se centra en la segunda parte de la vida del personaje, ya en el ocaso de la vida. cuando trama una conspiración para lograr la independencia de Ucrania de la patria rusa,  aliándose para ello con el rey de Suecia, al tiempo que se gesta su segunda historia de amor, esta vez con una adolescente a la que dobla en edad, contra la voluntad de los padres de ella a pesar de la apasionada correspondencia de la joven. Tchaikovsky reconoce que casi ha copiado literalmente los diálogos del poema de Pusckin para escribir el libreto.

El autor aborda por tanto una tragedia dúplice: nacional-heroica y amorosa y decide recurrir al género operístico, después de muchas dudas recogidas en su correspondencia, para plasmar el drama.

Es evidente que no nos encontramos ante la obra más inspirada de este autor aunque el oficio y la facilidad para la melodía, reprimida a menudo en esta ocasión, así como para la orquestación hacen que se escuche con agrado e incluso en ocasiones con emoción. No aparece la orquestación bien tejida, envolvente y plena de patético lirismo que vertebra Eugenio Oneguin y que nos describe los estados de ánimo de sus protagonistas de manera casi plastica, ni la sobrecogedora belleza de sus partes vocales, por el contrario es una obra cuajada de arias de desvirtuada impronta melódica y cuyas frases son reiteradamente rubricadas por acordes orquestales a manera de la ópera italiana de mediados del XIX, quizá haya influido en ello la estancia romana de Tchaikovsky en plena composición de la obra. Sin embargo el estilo tchaikovskyano es fácilmente reconocible en sus frase musicales que en ocasiones nos evocan otras composiciones del autor como el Cascanueces. Por ponerle un pero a un trabajo bien estructurado podría apuntarse que en ocasiones asoman algunos de los defectos que le fueron achacados a su compositor como la falta de profundidad y reflexión en sus temas así como el abandono a la melodía desenfrenada y confusa a fuer de prolífica.

La versión que vimos el domingo puede calificarse de algo más que digna, la OSPA estuvo en su tono habitual de solvencia y buen hacer en una obra por otro lado no demasiado exigente, magistralmente dirigida por el búlgaro, Rossen Milanov, actual titular de la misma, que supo plasmar, en toda su esencia, el alma eslava que sustenta y alienta toda la composición. Iniciada con una obertura en la que a modo de fresco se plasman las diferentes emociones que brotarán a lo largo del drama.

Vladislav Sulimsky, es el barítono que encarna al protagonista, Mazepa, es un cantante con mucho oficio, una voz bien timbrada, con poder en las zonas medias de la escala pero que en el agudo no siempre logra el pleno acierto quedando algo opaco o incluso no alcanzando el tono, si bien es verdad que fueron las excepciones. Carece de la brillantez y de la capacidad vocal que requiere la fuerza del personaje.

Vitalij Kowaljow, como el ofendido suegro de Mazepa, Kochubei, se reveló como uno de los triunfadores de la noche, es un barítono dramático de voz recia,  potente y poderosa en todo el registro, con una gran uniformidad en el color y seguridad tanto en la entonación como en la emisión así como de una vibrante expresividad dramática cuyo alto nivel mantuvo durante toda la representación.

Voktor Antipenko, representando al joven amigo de María, Andrei, fue el otro triunfador de la noche, es un tenor joven, de bello timbre, voz bien colocada, acentuación expresiva muy lograda, potente emisión, uniformidad en el color así como de un elegante fraseo.

Dinara Alieva fue una María notable, es dueña de un magnífico instrumento que destaca en la zona media de la tesitura de soprano, pero que tiene que mejorar en los graves y trabajar los armónicos en los agudos, en suma estamos ante una gran cantante que no tuvo su mejor noche.

Elena Bocharova, como la madre de María, Liubov, brilló por encima de la media, tiene una voz oscura y no excesivamente hermosa pero su desgarro dramático, la seguridad en la colocación, en la entonación así como en la emisión de los tonos más graves conforman un conjunto expresivo más que notable.

Francisco Vas en el papel de cosaco borracho destacó por encima de las exigencias de su exiguo papel.

Mikhail Timoshenko desempeñó el papel del lugarteniente de Mazepa. Orlik. con oficio y acierto.

Vicento Romero lo hizo como Iskra, mano derecha de Kochubei, de manera solvente.

El coro de la ópera de Oviedo bajo la dirección de Elena Mitrevska brilló como en él es habitual por su buen hacer tanto en escena como en lo vocal.

La dirección de escena, a cargo de Tatiana Gürbaka, fue acogida con un sonoro pateo por parte del público y no es de extrañar, la prensa local nos informaba de que no buscaba "tanto situar la acción en un momento específico de la historia como expresar los sentimientos de los protagonistas que los impulsan a actuar". Sucede que el momento histórico importa decisivamente en el desarrollo de la historia y especialmente para entender los "sentimientos de los protagonistas que los impulsan a actuar", por otro lado, elegir esta perspectiva para enfocar la escena de una ópera es un lugar tan recurrente que me temo que de desgastado por el uso ha degenerado en manido e incluso no pecaríamos de exageración si lo adjetiváramos de kitsch. Por otra parte,  es curioso el desinterés por la  parte política del argumento ya que es un tema de rabiosa actualidad en Europa como antecedente de un problema que nos asola en estos momentos: el nacionalismo egocéntrico que busca la independencia de un territorio a costa de lo que sea; del sufrimiento del  pueblo al que dice encarnar y liberar, de la traición personal y de la traición a la patria común y todo ello a mayor gloria de la ambición de un sujeto, magistralmente sugerido en el dúo de Mazepa y María, cuandoéste le confiesa sus intenciones y ella se extasía ante la posibilidad de que devenga en zar de Ucrania y que adquiere su tono más descarnado y cruel cuando el insurgente, ya vencido y traicionado por su aliado extranjero, abandona cobardemente a su "amor",  presa de la locura por el ruin asesinato de su padre a manos del marido-héroe-libertador, para poner su propia vida a salvo.

Lo malo no es ya la oportunidad perdida de hacer una "lectura de verdad distinta e interesante" sino que no sólo no se reflejan los sentimientos de los protagonistas sino que se desvirtúan en un batiburrillo de escenas absurdas y sinsentido como la recurrencia a la sopera que incluso suplanta grotescamente a la cabeza del padre para alcanzar el climax de lo ridículo en la escena de la ejecución en la que vemos  una especie de restaurante, años cincuenta, basándonos en el vestuario de las damas, en el que mientras se almueza, sopa por supuesto, la directora debía tener frío y necesitaba reconfortarse a pesar del calor reinante, se supone que se ejecuta a dos personas, es difícil concebir algo más disparatado y ajeno a los sentimientos, por mucho que se nos quiera hacer pensar en la indiferencia de la gente ante el sufrimiento del otro. Sin olvidar el toquecito cutre indispensable en la escena del cosaco ebrio que más que cosaco parecía un suigeneris guardia de la porra empeñado en enseñarnos sus calzoncillos, hasta el cantante hizo un guiño al público, sobre el asunto, al saludar

El vestuario diseñado por Marc Weeger y Silke Willrett no sólo es esperpéntico sino de un abrumador mal gusto, desde los desaliñados uniformes militares, pasando por el traje de azafata de la madre arreglada para una recepción, el eterno jersey de Andrei, ¡Pobre hombre, què calor debió de pasar! las botas militares para todos los personajes, hasta culminar con el horterísima simi-chandal con brillos y playeros de María, ¡Vamos! como diría la cantante Martirío, com mi chándal y mis taconoes, "arreglá" pero informal.

Reconozco que cada vez me cuesta más dedicar mi tiempo a reflexionar sobre las puestas en escena, sus directores se han erigido en los nuevos "divos" empeñados en reescribir obras maestras cuya altura artística ha convertidos en eternas, mostrando de esta manera no sólo su falta de talento sino de humildad y de sentido común. A veces parece que odian a esas obrar que pretenden "modernizar" con recursos que sólo ellos y su ´cla" parecen ignorar que son ya viejos. Mostrando  además una inmensa ceguera y  prepotencia ante el rechazo del público, al que desprecian. Olvidan ¡Cuan diferente fue la reacción de los grandes maestros!

Cosima Wieck


Comentarios

Por Cosima Wieck 2016-09-18 23:20:32

por cierto, dadas su dificultades en el discernimiento del sonido, no me extraña que confunda el sonido ascendente de un pateo que se hubiera producido en el foso con el descendente procedente tanto de los pisos superiores del aforo, de las plateas e incluso de patio de butacas


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