Sabado, 21 de julio de 2018

Desenfoque de la realidad

Necesitamos más "brecha salarial"

La "brecha salarial" es una falacia estadística -fabricada por la ultraizquierda y el feminismo radical- que la sociedad española se ha tragado de mil amores, a juzgar por las declaraciones de los medios de comunicación y de los partidos políticos (con alguna excepción, como Vox). El truco consiste en comparar las masas salariales totales de varones y mujeres. Y se engaña a la gente haciéndola creer que la desventaja retributiva del sexo femenino se debe a perversos mecanismos de discriminación machista. Por supuesto, esa discriminación no existe: al menos desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores (1980), está estrictamente prohibida en España la discriminación salarial por razón de sexo. Hombres y mujeres reciben el mismo sueldo por empleos y puestos del mismo rango y cualificación. Las oportunidades formativas y laborales de españoles y españolas son exactamente las mismas. España no es Afganistán: aquí rige desde hace tiempo una completa igualdad de derechos.

Que la masa salarial femenina sea inferior a la masculina se debe básicamente a dos factores. El primero es que las mujeres no suelen escoger estudios técnico-científicos, y especialmente las ingenierías. La fuerte infrarrepresentación femenina en las carreras técnicas no se debe a un complot misógino de arquitectos e ingenieros, sino al simple y libérrimo hecho de que a las chicas no les apetece estudiarlas: prefieren las especialidades humanísticas, jurídicas o sanitarias. Ahora bien, el nivel retributivo promedio de los ingenieros es claramente superior al de profesores, abogados o médicos y enfermeras. Y eso repercute en la "brecha salarial".

El otro factor es que las mujeres todavía conciben y crían niños, afortunadamente. Y un porcentaje importante de ellas deciden, bien renunciar totalmente a la vida profesional, bien aparcar transitoriamente sus carreras para ocuparse de sus hijos. Y, por supuesto, eso tiene un coste: oportunidades de ascenso perdidas, competitividad deteriorada, "techo de cristal" no superado… No se puede tener todo.

Que sea la mujer la que, en la gran mayoría de los casos, ralentiza o dosifica su dedicación laboral para hacer sitio a la maternidad y la crianza no es fruto de una siniestra conspiración machista, sino de la naturaleza humana. No es sólo que sean ellas las que gestan, paren y amamantan; es, también, que el vínculo biológico-afectivo es más íntimo entre la madre y el niño, y la psique femenina ha sido programada por la evolución para una mejor dispensación de la función maternal. Muchas mujeres viven el cuidado de sus hijos, no como una injusta carga que les endilga una sociedad misógina, sino como una experiencia valiosa que por nada querrían perderse.

Durante milenios, y hasta hace sólo medio siglo, la humanidad practicó una nítida división sexual del trabajo: los hombres cazaban el mamut o ganaban el pan, las mujeres dirigían el hogar y criaban niños. El progreso tecnológico "que hace menos absorbente el trabajo doméstico- y el control de la natalidad han permitido que las mujeres puedan realizarse también intelectual y profesionalmente, y eso es bueno. Pero la paridad laboral-salarial perfecta es imposible, mientras la naturaleza y la reproducción humanas sean las que son.

Ni es posible, ni resulta deseable. Alcanzar la ratio 50/50 en absolutamente todas las esferas (ingenierías, altos ejecutivos empresariales, cátedras…) sólo podría conseguirse mediante la renuncia a la reproducción. En una sociedad sin niños, las mujeres, liberadas del lastre de la maternidad, alcanzarían a los hombres en los pocos ámbitos en los que aún están rezagadas, rompiendo todos los techos de cristal. La cacareada "brecha salarial" pasaría a la historia. Y después pasaría a la historia la propia humanidad, que se extinguiría por falta de recambio generacional.

La obsesión por una absoluta igualdad profesional entre los sexos es un nocivo ídolo postmoderno. Nos cuentan que nuestra sociedad será injusta mientras no se alcance el 50/50 en el rugby profesional, los bomberos, los departamentos de ingeniería electrónica o los consejos de administración. Se incita así a las mujeres a competir implacablemente con un sexo masculino presentado como rival y opresor. Y, por tanto, a renunciar a la maternidad, "esclavitud biológica" (Simone de Beauvoir) que lastra injustamente a la mujer.

Nuestra sociedad puede sobrevivir perfectamente con una ligera diferencia entre las masas salariales totales de hombres y mujeres. En cambio, no podrá sobrevivir si persiste la escasa afición a la maternidad: nuestro índice de natalidad es un 35% inferior a la tasa de reemplazo generacional desde hace más de treinta años. El número de españoles entre 20 y 39 años de edad descendió en 2.8 millones sólo entre 2008 y 2016, mientras se incrementaba rápidamente el de los mayores de 65 años. Tendremos pronto una pirámide demográfica insostenible, con demasiados jubilados y demasiados pocos contribuyentes en edad laboral.

Si en España aumentase algo la "brecha salarial" porque un mayor número de mujeres han ralentizado sus carreras para tener varios hijos (nadie habla del techo de cristal reproductivo: la "parejita"; si queremos conseguir un repunte natalicio, habría que incentivar que muchas mujeres fuesen a por el tercer o el cuarto hijo, compensando así la infecundidad de las que no tienen ninguno)… ¡habría que celebrarlo! Significaría que hemos identificado por fin nuestro problema más grave, y que estamos intentando atenuarlo. Y nuestro problema más grave no es la brecha salarial, sino el suicidio demográfico.

Y sí, necesitamos "avanzar en igualdad", pero no en la de las masas salariales de los sexos. Hay formas de desigualdad que desincentivan la reproducción y que son, ellas sí, aberrantemente injustas. Por ejemplo, una mujer que renuncie a su carrera profesional para criar a seis hijos se encontrará sin pensión digna en la vejez, por no haber cotizado. La profesional competitiva que renunció a la maternidad para volcarse en su exitosa carrera alcanzará, en cambio, la pensión máxima (que le pagarán los hijos de la madre coraje). Son esas las desigualdades que debemos corregir si queremos tener un futuro.


Comentarios

No hay comentarios sobre esta noticia.

Comentar

Columnistas

Jordan Peterson y la batalla de los pronombres

Peterson es un liberal clásico que conoce bien la historia de los sistemas totalitarios y sabe que la batalla lingüística es decisiva. Es uno de los francotiradores intelectuales que ha surgido en Canadá y que, asumiendo el riesgo de muerte civil, mantienen enhiesta la bandera de la resistencia. Publicado en Actuall

Por Francisco J Contreras Leer columna

La eutanasia que viene

La eutanasia es la salida fácil al problema del envejecimiento de la población Publicado en ele diario de Sevilla

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

Atrocidades racistas: el gran ajuste de cuentas a Occidente

Se está produciendo un genocidio de blancos en sudáfrica ante el silencio general de la prensa Publicado en Disidentia

Por Francisco J Contreras Leer columna

'Traslatio sedis'

Alfonso X proyectaba desde Cádiz nada menos que la conquista militar y espiritual de África Publicado en Diario de Sevilla

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

Feminista no, feminoide

Desde que Sánchez llegó al poder, todo han sido anuncios que sólo pretenden distraer la atención del respetable

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

Rémi Brague y la legitimidad del hombre

Nuestra ética y nuestra política se basan en la libertad individual, absolutizándola hasta extremos inéditos en la historia. Sin embargo, este individualismo convive con una filosofía materialista que concibe al individuo como el producto caprichoso del azar evolutivo en un universo sin sentido.

Por Francisco J Contreras Leer columna

Epitafio para un traidor

En noviembre del 16, me publicaban en estas mismas páginas la carta "Réquiem por la Constitución", en la que denunciaba "la forma encubierta en la que el gobierno de Rajoy, apoyado por la mayoría de los partidos parlamentarios, estaba llevando a cabo las negocio-cesiones con los nacionalistas, para desembocar en el final ya escrito en alguna parte".

Por Ana María Velasco Plaza Leer columna

Carmen Calvo contra el romanticismo

Pedro Sánchez ha sorprendido con un gabinete aseado, sin estridencias frentepopulistas para calmar a los mercados. Pero ese "giro a la derecha” económico lo compensará con un giro a la izquierda que sólo podrá ser moral-cultural. Preparémonos a una lluvia de medidas feministas, homosexualistas y laicistas.

Por Francisco J Contreras Leer columna

Lágrimas negras

Usted, señor Rajoy, ha supeditado el interés de España a la conveniencia de su pútrido partido

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

El largo 68, de la ETA a las aulas

El mayo del 68 derivó en varios movimientos que han perdurado hasta nuestra época y cambiado nuestra sociedad. Algunos miembros se quedaron en el activismo armado, otros treparon a las cumbres de la política y los últimos transformaron la educación y la cultura.

Por Francisco J Contreras Leer columna

Mayo del 68, o el triunfo de los niñatos

Mayo del 68 fue una kermesse violenta de hijos de papá que despreciaban los valores y el modo de vida de la generación anterior Publicado en Disidencia

Por Francisco J Contreras Leer columna

Encuesta
Ante la actuación de los paises de EU en el caso Puigdemont ¿cobra sentido la decisión britanica del Brexit?

a) si
b) no

Dignidad Digital, S.L. E-mail: redaccion@dignidaddigital.com
logo