Martes, 21 de enero de 2020

Ausencias, presencias y flores para el recuerdo.

SANTOS Y DIFUNTOS

 La invasión de lo pagano en nuestros espacios cristianos es evidente, aunque se podría argumentar en defensa de esto, la invasión de lo cristiano, en su momento, en los espacios paganos, levantando templos en los lugares donde antes había construcciones paganas, (tejos testigos), ídolos primitivos sustituídos por imágenes cristianas en nuestras conquistas movidos por nuestro entusiasmo evangelizador, etc. pero dejando estos detalles aparte pues ya han sido estudiados y  juzgados por especialistas y no es mi caso, sólo me queda lamentar la poca importancia, el poco relieve que ahora se va dando al recuerdo de nuestros seres queridos ausentes y, por consecuencia, la pérdida del entrañable, piadoso y emotivo significado de su conmemoración; eso es lo lamentable pero según mi criterio en esta pérdida de interés puede que no tenga mucho que ver la "Noche de Halloween". Al moverse estas fiestas en campos distintos, aunque unidos por el concepto de difuntos, no veo una culpabilidad determinada, pues quizá sea  nuestra dejadez la que, en cierto modo vaya favoreciendo el olvido de nuestras tradiciones con el consiguiente auge de las no deseadas. Lo que es peligroso y grave es que esta fiesta pagana vaya incorporando a su entorno burlas, groserías y gamberradas y que aquí, dada nuestra tendencia al citado gamberrismo y prestarse los disfraces y las fiestas muy concurridas a esos excesos, la celebración del “Halloween” pueda llegar a tener en ocasiones, consecuencias no deseadas.

(Este artículo estaba concluído antes de producirse la tragedia del Madrid Arena. Por ello hago este inciso pero creo que lo escrito no necesita ningún añadido ni rectificación derivados de dicha tragedia; es dramático y terrible lo acaecido pero las responsabilidades no tienen nada que ver con el espíritu de la fiesta sino con otros intereses  y con una falta grave de rigor y control).

No quiero perderme en más divagaciones y por tanto paso a comentar nuestras dos celebraciones cristianas, que para mí, aunque la idea no sea ortodoxa litúrgicamente, "se encierran en una" y por eso hablaré de ellas, como vulgarmente se dice "al alimón".

Todos los santos y difuntos: Días de fiesta grande en nuestra Iglesia, fiestas de fiestas. conmemoración y memoria solemne y gozosa de los que ya están en la presencia del Señor, añoranza en el ambiente, días de exaltación de los bienaventurados conocidos y anónimos, días también de esperanza, días, en fin, de recuerdos entrañables para los que aquí seguimos; rostros queridos que vuelven a nuestra mente llenos de vida como cuando nos dejaron; tristeza por la ausencia, alegría y anhelo al pensar en un reencuentro; padres, abuelos, hijos, amigos del alma que fueron quedando en el camino, cuerpos vueltos a la tierra, hechos tierra también ("Acuérdate hombre que eres polvo..."), cuyas almas siempre y especialmente  en estos dias están con nosotros...Días muy propios para la reflexión: días en los que se multiplican los recuerdos.

Y con los recuerdos, se multiplican las flores: flores en los templos, flores en los cementerios, miles de flores. ¿Cuál es el sentido de tantas flores? En primer lugar, no cabe duda, son un gesto, un gesto de agradecimiento, un pequeño y colorido homenaje pero... ¿querremos tapar con gestos nuestras omisiones? Muchos de los que hoy faltan estuvieron en un momento dado vinculados a nuestra generosidad. ¿Fuimos siempre generosos? Cuántas veces esquivamos una visita, un gesto, una sonrisa, una palabra de aliento o de consuelo? Por eso, hay ausencias que hoy se hacen presencias acusadoras; nuestra generosidad quedó muy raquítica y por eso las omisiones acuden también a nuestro recuerdo ("otro día lo haré, estoy tan ocupado, tengo planes ineludibles") pero ese otro día nunca llegó porque la muerte no avisa ("no sabéis ni el día ni la hora") y ahora, tal vez queremos tapar con flores de arrepentimiento aquellos recuerdos hirientes, aunque también ¡al fin! de nuestros labios salga, tímida y sencilla, una sentida oración, que encierra un sincero deseo: “Que estén gozando de tu gloria, Señor”.  

 La Iglesia, que es muy sabia, dedica en todas las eucaristías de todos los días del año unos momentos a orar por los difuntos ("aquellos que nos precedieron en la señal de la fe"), rindiendo este cotidiano homenaje a los que "duermen el sueño de la paz".

Y más que nunca en estos días se hace presente la verdad cristiana, nuestra verdad: vivos y difuntos se igualan en el Cuerpo místico de Cristo, misterio de unión, consuelo y esperanza por el que somos conscientes de que aquellas omisiones de antes, podemos mitigarlas ahora en la creencia de que cualquier bien que hagamos no será baldío, no se perderá en el vacío sino que repercutirá en bien allí donde más se necesite, lo mismo que cualquier mal tendrá también su repercusión. Así es por la Comunión de los santos que proclamamos en nuestra profesión de fe.

No sé si este escrito quizá haya tomado un tono que se aproxima a lo homilético; no es, ni pretendo que sea lo mío; solo pretendo exponer mis sentimientos desde mi credo cristiano.

Y para final, insistiendo en la reflexión, quizá hoy estemos haciendo una vez más el propósito de no limitar el recuerdo de los ausentes a una sola fecha en el año y también estemos concibiendo el deseo de dedicar la atención a los presentes necesitados a su debido tiempo y no a destiempo. Sería bueno que hiciésemos que esos propósitos pasasen a ser realidad pues no cabe duda que…"

... una sola rosa tiene más importancia para el que vive, que una gran corona para el que ya se fué". (Anónimo).

Francisco Alonso-Graña del Valle


Comentarios

Por YAYA 2012-11-08 14:09:00

Comentarios Es un buen artículo escrito con el corazón dolorido por los años que estamos viviendo. Muy duro para los cristianos ver como se van diluyendo en la nada nuestras creencias , incluso nuestras costumbres Los que tenemos descendencia lo percibimos todavía con más nitidez. Artículos como éste nos ayudan a seguir luchando y no bajar la guardia, aunque debemos recordar que siempre , en todas las generaciones, los católicos somos minoría pero muy necesarios en la sociedad. Gracias, muchas gracias Pachu por ayudarnos a centrar nuestros esfuerzos en la Verdad..


Por B.BUS 2012-11-08 10:28:00

DESDE LUEGO ES UN DIA MUY REFLEXIVO Y UN HOMENAJE A LOS QUE NOS HAN PRECEDIDO. POR ESO EL IMPONER LA FIESTA DEL " HALLO" ME PARECE DE TAL SIMPLEZA, EN ADOLESCENTES Y MAYORES QUE PODIAN PENSAR EN OTRA FORMA MAS DIGNA DE RECORDAR A LOS QUE YA NO ESTAN CON NOSOTROS. GRACIAS FRANCISCO.


Por Miguel Sánchez 2012-11-07 21:59:00

Artículo testimonial de una FE vivida con la ESPERANZA que termina en el refugio eterno del AMOR . Todos los católicos practicantes,debemos dar TESTIMONIO en todos los momentos y en cualquier circunstancia y lugar. Esta sociedad lo necesita con verdadera urgencia utilizando todos los medios y creando otros que nos puedan servir para transmitir la verdad y la esperanza, sobre una vida que no termina,se transforma


Por Aloya.Tuy 2012-11-07 20:43:00

Las festividades de Todos los Santos de y de los Difuntos acabarán pasando casi inadvertidas. Los cristianos basamos nuestra fe en la resurrección, para ello nuestro Señor Jesús, fue delante a preparnos el camino para llegar a esas estancias que Dios tienen preparadas para todos los que quieran seguir el camino de la verdad y la luz, ahí esperamos vernos nuevamente y eso debe de confortarnos. Hoy en día hace falta que la Iglesia, y los Sacerdotes en especial, hablen del tema de la muerte, no de la forma rutinaria a que nos tienen a veces acostumbrados, hay que hablar de la muerte como el instante más trascendental del ser humano, el momento del encuentro con Dios, el momento de la verdad, y para ello, hay que ir preparándose a lo largo de la vida, la muerte llega inesperadamente, incluso cuando se perfila por la enfermedad, siempre nos sorprende, es la gran desconocida, pero está ahí, detrás de nuestra respiración... agazapada, y otras veces liberadora, no obstante habría que desdramatizar su encuentro, al fin y al cabo, es un nuevo comienzo, el comienzo de una vida plena. La fiestas profanas intentan desesperadamente "aligerar" la cruda realidad del final terrenal, eso cuando no se tiene fe, resulta abrumador, y se intenta con el disfraz, o las fiestas, anestesiar las emociones, el miedo fundamentalmente, y desviar la atención de lo primordial que es el final de nuestra existencia en este mundo. Cuando asistía este año, a la Misa de Todos los Santos en el cementerio de mi Parroquia, la gente comentaba que había mucha menos asistencia, y que cada año se nota más, es cierto, casi todos eramos gente mayor, los jovenes eran pocos. Algo está pasando para que no seamos conscientes de la trascedencia de celebrar, que quienes nos precedieron están ya en la Gloria de Dios, y que siguen en nuestros corazones, esperando nuestra oración y nuestro recuerdo, ahí tenemos mucho que decir los padres, educando en la sensibilidad a los hijos, en el agradecimiento a nuestros mayores, en la caridad, rezando por sus almas. Rogar por los difuntos es un ejercicio de verdadera caridad, no se ve, no se puede cuantificar, pero lo nota el alma, lo notamos en nuestros corazones. Hemos perdido en parte, la piadosa tradición de las Novenas a las Animas, yo suelo hacerla una vez al año, y es gratificante dedicarles ese espacio que tanto necesitan, y que tanto necesitaremos algún día todos. Lo de las flores = a recuerdo, me parece casi anecdótico, el mejor recuerdo es la oración, las flores se marchitan, aunque las hay que duran el año, les llaman las del olvido, ahí te dejo..., hasta la próxima, la oración permanece y sirve para los que se fueron, y para los que quedamos. Concluyo, estos tiempos confusos, pueden ser una consecuencua de la falta de educación en la senbilidad, hay mucho camino por recorrer. Me uno al dolor por los fallecidos en la tragedia del Madrid Arena, y les encomiendo a ellos y a sus familiares, ese día, algo se ha roto en el corazón de todos nosotros, que nos sirva al menos para aprender. D. Francisco, muchas gracias por su acertado artículo. Aloya


Por Aloya.Tuy 2012-11-07 20:43:00

Las festividades de Todos los Santos de y de los Difuntos acabarán pasando casi inadvertidas. Los cristianos basamos nuestra fe en la resurrección, para ello nuestro Señor Jesús, fue delante a preparnos el camino para llegar a esas estancias que Dios tienen preparadas para todos los que quieran seguir el camino de la verdad y la luz, ahí esperamos vernos nuevamente y eso debe de confortarnos. Hoy en día hace falta que la Iglesia, y los Sacerdotes en especial, hablen del tema de la muerte, no de la forma rutinaria a que nos tienen a veces acostumbrados, hay que hablar de la muerte como el instante más trascendental del ser humano, el momento del encuentro con Dios, el momento de la verdad, y para ello, hay que ir preparándose a lo largo de la vida, la muerte llega inesperadamente, incluso cuando se perfila por la enfermedad, siempre nos sorprende, es la gran desconocida, pero está ahí, detrás de nuestra respiración... agazapada, y otras veces liberadora, no obstante habría que desdramatizar su encuentro, al fin y al cabo, es un nuevo comienzo, el comienzo de una vida plena. La fiestas profanas intentan desesperadamente "aligerar" la cruda realidad del final terrenal, eso cuando no se tiene fe, resulta abrumador, y se intenta con el disfraz, o las fiestas, anestesiar las emociones, el miedo fundamentalmente, y desviar la atención de lo primordial que es el final de nuestra existencia en este mundo. Cuando asistía este año, a la Misa de Todos los Santos en el cementerio de mi Parroquia, la gente comentaba que había mucha menos asistencia, y que cada año se nota más, es cierto, casi todos eramos gente mayor, los jovenes eran pocos. Algo está pasando para que no seamos conscientes de la trascedencia de celebrar, que quienes nos precedieron están ya en la Gloria de Dios, y que siguen en nuestros corazones, esperando nuestra oración y nuestro recuerdo, ahí tenemos mucho que decir los padres, educando en la sensibilidad a los hijos, en el agradecimiento a nuestros mayores, en la caridad, rezando por sus almas. Rogar por los difuntos es un ejercicio de verdadera caridad, no se ve, no se puede cuantificar, pero lo nota el alma, lo notamos en nuestros corazones. Hemos perdido en parte, la piadosa tradición de las Novenas a las Animas, yo suelo hacerla una vez al año, y es gratificante dedicarles ese espacio que tanto necesitan, y que tanto necesitaremos algún día todos. Lo de las flores = a recuerdo, me parece casi anecdótico, el mejor recuerdo es la oración, las flores se marchitan, aunque las hay que duran el año, les llaman las del olvido, ahí te dejo..., hasta la próxima, la oración permanece y sirve para los que se fueron, y para los que quedamos. Concluyo, estos tiempos confusos, pueden ser una consecuencua de la falta de educación en la senbilidad, hay mucho camino por recorrer. Me uno al dolor por los fallecidos en la tragedia del Madrid Arena, y les encomiendo a ellos y a sus familiares, ese día, algo se ha roto en el corazón de todos nosotros, que nos sirva al menos para aprender. D. Francisco, muchas gracias por su acertado artículo. Aloya


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