Miercoles, 21 de febrero de 2018

Seis de diciembre

Objetivo: La Constitucion

LA NUEVA ESPAÑA  ha puesto de manifiesto recientemente su rapidez de reflejos para detectar primero, y estimular después, una corriente de opinión ciudadana con respecto a la cuestión catalana (por llamar así " cuestión catalana- a la más reciente recidiva aguda del cáncer estructural, nunca debidamente tratado, que nos afecta crónicamente como nación). Me refiero a la hospitalaria y espaciosa sección abierta en estas páginas " complementaria de la sección habitual de cartas- donde los lectores hemos podido reflexionar, opinar y aprender, con el consiguiente efecto terapéutico paliativo sobre los males que nos aquejan.

En un programa radiofónico sin complejos he oído recientemente que aquí " sobre la malévolamente rebautizada como "piel de vaca"- se está jugando una partida de ajedrez. Me parece una metáfora afortunada pero incompleta. Aquí se están jugando varias partidas simultáneamente, pero quien mueve y sacrifica piezas de su color (sin comer demasiadas del ajeno), cada vez más engolado y ensoberbecido en su pretendido dominio magistral de los tiempos, las poses, los escaques y los movimientos, pudiera ser " a sabiendas o no - alfil o peón en otro tablero a mayor escala, en el que poco sabemos de la mano que mueve la ficha, y de si ese gran hermano ajedrecista es también, sabiéndolo o no, peón de peón en una partida de aún mayor envergadura.

En alguno de estos tableros alguien " ente, conjura, azar o maldición - decidió, por el interés del asunto, o porque nuestro asunto nacional forma parte de un guión coral más complejo, que lo mejor de la transición española " la reconciliación - se tenía que arrastrar por el sumidero y que España, como pieza representativa de una civilización en crisis, o, si lo prefieren, como unidad de destino en lo universal (sic), se tenía que ir al carajo. Y en esas andamos.

El gobierno por atonía dolosa, el partido a la derecha por aplasia inducida, el de centro por ingenuidad y oportunismo, el de izquierda por vindicación enfermiza y los extremos porque se aliarían con Satán y demás diablos familiares para convertir esto en una estepa de tribus cautivas, nos la van a endosar de mala manera a los ciudadanos de a pie. Primero porque llevamos años de aborregamiento programado; segundo, porque van a seguir jugando la partida a nuestras espaldas, sobre nuestros lomos o por otras partes aquí innombrables; y, tercero, porque cuando se haga el paripé de dejarnos votar algo, el encarrilamiento del Ave va a ser seto herbáceo comparativamente con el que se nos va a ofrecer en nuestra capacidad de decisión. Y como eso de morir matando suena a heroicidad sobredimensionada, altisonante, trasnochada y sospechosa por ambas bandas del espectro, aspiremos al menos a procurarnos la adecuada  opinión médica (e inclusive curanderil) merecida por cualquier paciente no totalmente desahuciado.

Me estoy refiriendo a informarnos con cierto tiempo y cierta serenidad sobre ese cambio de Constitución  que muy pocos piden cabalmente y por el que tantos profesionales de la poltrona andan encandilados y encelados en una más que sospechosa complicidad transversal (como la que se ha dado con las imprudentes y escapistas elecciones catalanas).

¿Reformar? ¿Reformar qué? ¿Reformar para que?¿Reformar cómo?

Este periódico cuenta con la colaboración de destacados juristas que día a día nos están abriendo los ojos desde sus Tribunas, y que, enlazando con el desafío rompedor del independentismo y sus cómplices levógiros, pueden abundar en un dinámico debate de mayor calado constitucional, aunque sin duda lo hagan con tantos alegatos y ponencias como alegantes y ponentes. Y LNE puede " y creo que debe " mantener ese hospitalario espacio abierto para el paseíllo de tantas y tan discutibles opiniones personales e inexpertas pero sensatas que, seguramente, nos ayudarán a todos a configurar un criterio fundado, autónomo y responsable. Tanto si no queremos que se toque la Constitución como si queremos cambiarla en una u otra dirección cada media generación (o hacerlo de forma continua para cohonestar en tiempo real las ilegalidades habidas y por haber), como si queremos que, simplemente, que lo que así se escriba así se cumpla, tenemos legítimo derecho a saber qué terreno pisamos, qué terreno nos quieren hacer pisar. Estoy seguro de que se va a recurrir a marrullerías legales y paralegales, no sólo para hurtar al votante la capacidad de decidir sobré qué y en qué términos quiere votar una cantada reforma, sino para tener la oportunidad misma de votar. Dicho clara, cruda y dolorosamente: no podemos ni debemos fiarnos de nuestro parlamento en materia de reforma constitucional

Resulte de esta aventura de riesgo y corso un éxito o un caos, debería ser éxito o caos con responsabilidad compartida. Para felicitarnos o abofetearnos. No dejemos pues solos ni a los jugadores, ni a los peones, ni a los alfiles ni a las torres, ni a los reyes. Y menos a las garras que mecen cunas y mueven fichas.


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