Sabado, 14 de diciembre de 2019

Algunas preguntas y respuestas entorno al Catecismo

La Iglesia (V)

La misión de la Iglesia no nace de la voluntad de sus miembros en cada momento de la historia, sino de la voluntad de su fundador, Jesucristo.

 

“La Iglesia, incluso aunque se la entienda como "pueblo de Dios" en camino, no es una institución regida por las leyes de la democracia parlamentaria o por las que rigen a las empresas controladas por un consejo de administración. La Iglesia no puede cambiar sus objetivos por decisión de los miembros vivos en un momento concreto de la historia, como lo puede hacer una empresa que opta por dejar de fabricar un producto para fabricar otro porque el primero ya no tiene cuota de mercado, o como lo puede hacer un país que, democráticamente, cambia su legislación y permite que se lleven a cabo cosas que antes estaban prohibidas".

 

“Esta limitación de la Iglesia, el de no ser una democracia, se debe a que ésta no tiene su origen en la voluntad popular -un grupo de hombres que se hubieran puesto de acuerdo para constituirla, como cuando se pone en marcha una fábrica- y a que los miembros vivos de la Iglesia no son los únicos miembros de la misma y por lo tanto sus opiniones no son las únicas que cuentan. Como ya se ha dicho, la Iglesia fue fundada por Jesucristo -es, por lo tanto, de fundación divina y no humana- y sus miembros se dividen en tres: Iglesia militante -los que viven-, purgante -los que están en el Purgatorio- y triunfante -Jesucristo, que es la cabeza de la Iglesia, la Virgen María y los santos-. Pensar que una parte de la Iglesia -los que viven- pueden cambiarla para hacer otra cosa con ella, es ignorar tanto la voluntad del fundador como el hecho de que ese fundador está vivo y forma parte de la Iglesia, como su cabeza y su líder indiscutible”.

 

“Cuando algunas personas, de dentro y fuera de la Iglesia, se plantean la cuestión de que ésta deje de defender ciertos valores -como la familia y la vida, con los rechazos consiguientes al divorcio y al aborto- o que renuncie a algunos de sus dogmas -como la divinidad de Cristo- o que abandone la estructura jerárquica - y que convierta el Papado en honorífico-, están considerando a la Iglesia como si fuera una institución humana cualquiera, como si se tratara de una empresa dedicada a fabricar refrescos o automóviles. En una época como la nuestra -y no sólo ahora-, choca con la sensibilidad de muchos el que haya una institución que pretenda ser inamovible en sus principios y en su funcionamiento, en un mundo no sólo en perpetuo movimiento sino incluso en alocada transformación. Nuestra sociedad vive cambios tan rápidos que son cada vez más los que están quedando al margen de los mismos. Las modificaciones en cuestiones como la biomedicina -conocimiento del genoma humano, posibilidad de clonación de personas, elección del sexo de los hijos...-, como la informática o como la misma economía -la famosa globalización- nos han acostumbrado a considerar todo como relativo, como mudable, como pactable. Es como si nos estuviéramos acostumbrando a vivir sobre un suelo que se tambalea, que está en permanente movimiento y que nos hace saltar con agilidad de una placa a otra si no queremos vernos arrastrados por la corriente y quedar marginados. Por eso, podemos comprender que nuestro concepto de Iglesia moleste a algunos, pero antes que darles a ellos satisfacción debemos dársela a Cristo siendo fieles a lo que Él ha fundado”.

 

Preguntas y respuestas seleccionadas por el P. Santiago Martín

Para saber más sobre Franciscanos de María pinchar en http://www.frmaria.org/

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