Jueves, 03 de abril de 2025

Los barabros a la puerta

La trampa de los derechos humanos

Iglesias ha confirmado el papel central del concepto de DDHH en su estrategia política, proponiendo la llamada "Ley 25" de emergencia social, en alusión al Artículo 25 de la Declaración, el cual proclama el derecho de toda persona "a un nivel de vida adecuado".

Una de las características más llamativas del neocomunismo ad portas es la desfachatez con la cual enarbola la bandera de los derechos humanos (DDHH), a pesar de sus estrechos vínculos con el régimen chavista de Venezuela, de no desdeñar la jugosa financiación de la teocracia iraní o de su incapacidad para votar, en el parlamento europeo, una resolución que califica de genocidio los crímenes del ISIS en Irak y Siria.

Las menciones del líder de Podemos a los DDHH, y concretamente a la Declaración Universal de 1948, no son mero relleno de una retórica poco meditada, sino que constituyen un eje fundamental de su discurso. Ya en el acto de presentación de la formación populista, el 17 de enero de 2014, Pablo Iglesias acusó al gobierno de estar destruyendo los DDHH, al dictado de poderes exteriores. Los objetivos fundamentales del nuevo partido no eran otros que la defensa de "la decencia, la democracia y los derechos humanos".

En un breve artículo titulado "Podemos: el eterno retorno de los Derechos Humanos", publicado pocos meses después en la revista Éxodo, Iglesias hace suya la doctrina del comunismo de entreguerras que identifica, contra toda evidencia existente, democracia y socialismo, al que define como la puesta en práctica de los "derechos naturales" del hombre.

Tras las elecciones del 20 de diciembre, Iglesias ha confirmado el papel central del concepto de DDHH en su estrategia política, proponiendo la llamada "Ley 25" de emergencia social, en alusión al Artículo 25 de la Declaración, el cual proclama el derecho de toda persona "a un nivel de vida adecuado" que asegure el acceso a la alimentación, vestido, vivienda, servicios sociales, seguros de desempleo, de enfermedad, de vejez, etc.

Naturalmente, este discurso genera una fácil corriente de simpatía. ¿Quién puede mostrarse indiferente ante el drama de una familia desahuciada, o que sufre un corte de luz por impago? Cuando un político establece como prioridad solucionar este tipo de situaciones desgarradoras, las cuestiones sobre los medios y los costes pasan a un plano secundario, si no se consideran simplemente mezquinas. ¡Las personas son lo primero!, se nos dice.

Que en todo ello hay algo capcioso, sin embargo, se revela en el hecho de que, con el pretexto de aplicar los derechos sociales, la ultraizquierda acaba siempre atacando los derechos individuales. La rotunda afirmación de Pablo Iglesias en un debate televisivo: "democracia es expropiar" (que recuerda inconfundiblemente al "¡exprópiese!" de Hugo Chávez), es un ejemplo claro, entre otros muchos. En nombre del derecho a un alojamiento digno, se pretende violar o restringir el derecho a la propiedad (Artículo 17 de la Declaración), expropiando viviendas para usos sociales o protegiendo a los okupas.

Por supuesto, los populistas, cultivando hábilmente emociones revanchistas, señalan invariablemente a los bancos, los ricos y los especuladores como las únicas víctimas de sus restricciones de derechos, pero son las clases medias las que acaban siendo criminalizadas y expoliadas.

En nuestra cultura occidental, siempre que un gobierno vulnera un derecho, es seguro que lo justificará en nombre de algún otro derecho. El caso más paradigmático es el del aborto provocado, flagrante violación del derecho a la vida (Artículo 3), cuya despenalización total o parcial se pretende derivar de un falaz "derecho a decidir sobre el propio cuerpo".

El problema de fondo, como expuso Jean-François Revel en su obra Le regain démocratique, tiene su origen en la confusión entre derechos y objetivos, explotada sistemáticamente por el pensamiento progresista dominante; confusión a la que la propia Declaración contribuyó lamentablemente, al emplear el mismo término para unos y otros.

Es sumamente sencillo distinguir entre derechos intangibles y meros objetivos de desarrollo, por muy deseables que puedan ser. Aplicar cualquiera de los derechos enumerados en los veinte primeros artículos de la Declaración (derecho a no ser detenido arbitrariamente, a un juicio imparcial, a la libertad de expresión, a la reunión pacífica, a la propiedad privada, etc.) es factible sin coste alguno, de manera inmediata y en todas partes, porque en realidad no son otra cosa que límites a la acción de los gobiernos.

Por el contrario, los derechos sociales (como el citado derecho a un nivel de vida adecuado, a encontrar empleo, a una educación de calidad, etc.) no dependen sólo de la voluntad política, sino del grado de desarrollo o riqueza de cada sociedad, que es fruto de procesos regidos por lógicas económicas y técnicas; y además su cumplimiento es relativo. Lo que en determinados países o épocas pasaría por un nivel de vida más que decente, resultaría intolerable en otros lugares o momentos históricos.

Al mezclar libertades individuales con deseos igualitaristas, la Declaración de 1948 no sólo pecó de falta de realismo, sino que se convirtió en un instrumento mucho menos eficaz para reclamar el cumplimiento de los primeros, sin por ello favorecer los segundos. El pensamiento dominante asoció la lucha por los DDHH con la causa de la supresión de las diferencias entre ricos y pobres. Pero, como dice Revel, "reducir las desigualdades no tiene nada que ver con la defensa de la libertad; es una tarea en sí, que por otra parte el capitalismo se ha revelado mucho más capaz de llevar a cabo que el socialismo."

A pesar de ello, los líderes de opinión en Occidente se creyeron en el deber de ignorar o relativizar las violaciones de los DDHH en los países socialistas, al tiempo que mantenían un nivel de exigencia mucho más escrupuloso para las democracias, y también para regímenes autoritarios que permitían mayor nivel de autonomía individual que los totalitarismos comunistas.

Porque otra confusión grave señalada por Revel es la que se da entre libertad y democracia, entendida en el sentido estricto de sufragio universal. Ambas cosas son deseables, pero no identificables. Todos los auténticos derechos del hombre pueden ser respetados incluso en regímenes autoritarios, y de hecho bastantes lo han sido, en mayor o menor grado, en muchas sociedades predemocráticas, desconocedoras del moderno y abrumador intervencionismo estatal. Y a la inversa: que un gobierno sea elegido por el pueblo no garantiza que respetará las libertades fundamentales.

La experiencia demuestra que los países donde en nombre de la igualdad y la democracia se conculcan los derechos individuales, fracasan también clamorosamente, y no por casualidad, en asegurar estándares de vida comparables a los que ofrecen las economías de mercado; y además alcanzan cotas de corrupción muy superiores. Mucho nos tememos que nuestro país acabe comprobándolo en carne propia, si Pablo Iglesias y sus seguidores tienen la oportunidad de aplicar sus tramposas ideas sobre la democracia y los derechos humanos.



Comentarios

No hay comentarios sobre esta noticia.

Comentar

Columnistas

¿Milei o Vance?

Vance es un peso pesado intelectual, un político-filósofo. Entre sus influencias están la doctrina social de la Iglesia, el pensamiento de René Girard y las ideas de teóricos postliberales como Sohrab Ahmari o Patrick Deneen Publicado en el Debate

Por Francisco J Contreras Leer columna

Algunos problemas en el horizonte de la política verde actual

La subida global de temperaturas y la conveniencia de ir sustituyendo las fuentes de energía tradicionales (gas, petróleo y carbón) por otras más sostenibles es un tema de permanente actualidad tanto en los medios de comunicación como en la política. Frente a la versión aplastantemente mayoritaria del problema y sus soluciones, el ciudadano atento y bien informando acaba descubriendo algunos problemas a los que no se les presta demasiada atención. En este artículo se presentarán algunos de ellos

Por Francisco Javier Garcia AlonsoLeer columna

El tráfico con inmigrantes y el avance de las nuevas derechas europeas

La propuesta que más influyó para atraer el voto de muchos europeos hacia las nuevas derechas es el rechazo a las políticas que facilitan la inmigración incontrolada, pues están convencidos de que aumenta la delincuencia y favorece la islamización de Europa

Por Angel Jiménez LacaveLeer columna

La trampa de la Justicia social

La alternativa a la "justicia social" no es un escenario de pobres muriéndose en las aceras por falta de recursos para pagarse un hospital. La alternativa sería una sociedad en la que, con una presión fiscal que fuese muy inferior a la actual, la gran mayoría de la gente se las arreglase muy bien por sí misma, sin depender de papá Estado. Publicado en el centro Covarrubias

Por Francisco J Contreras Leer columna

Miguel Bernad en la revuelta

Este hombre de 82 años ha hecho más daño al sanchismo en dos meses que Feijóo y sus diputados en esta legislatura

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

"Agenda 2033, nueva y eterna"

  En su libro “Agenda 2033, nueva y eterna”, Eduardo Granados presenta una propuesta para que pongamos nuestra mirada en 2033, fecha en la que se cumplen dos mil años de la Redención. En 2033 confluyen las celebraciones del bimilenario de la institución de la Eucaristía, de la muerte y resurrección de Cristo y del nacimiento de la Iglesia. En esta entrevista el autor nos da las claves de esta original propuesta.  

Por Teodoreto de Samos Leer columna

Ningun margen

Detrás de tanta normativa milimétrica se agazapa una desconfianza descomunal en la gestión privada, que actúa como un implícito reproche moral. Publicado en El Debate

Por Enrique García MáiquezLeer columna

¿Son los derechos humanos una idea tóxica?

Occidente no perdió el rumbo en 1776, sino en 1917 y 1968.

Por Francisco J Contreras Leer columna

San Fernando: el rey y el gobernante

Sólo el advenimiento de los Reyes Católicos, y el resultado de su prodigiosa obra, pudo superar, andando el tiempo, esa primacía en la memoria de los castellanos. Pero para ello hubieron de pasar casi doscientos cincuenta años Publicado en El Debate

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

Goma 2 Eco asturiana ¡y ya vale!

Cabe resaltar aquí lo afirmado por el fiscal jefe de la Audiencia Nacional: "En definitiva, da igual el explosivo que se utilizara, lo cierto es que todas las pruebas apuntan a que estos personajes fueron los que cometieron ese atentado y la trama asturiana proporcionó los explosivos" (sic).

Por Ana María Velasco Plaza Leer columna

Encuesta
¿Logrará la ciudadanía frenar la ley de amnistía?

a) no, el gobierno lo tiene todo "bien atado"
b) sí, la fuerza del pueblo es imparable

Dignidad Digital, S.L. E-mail: redaccion@dignidaddigital.com
logo