Miercoles, 05 de agosto de 2020

Soldados de plomo

Cuando yo era niño, y de eso hace ya muchos años, uno de los juguetes más apetecidos y cuyo uso era muy extendido, eran los llamados soldaditos de plomo. Se trataba de figuras muy pequeñas, de ahí el diminutivo, que reproducían los distintos modelos de los soldados que entonces nutrían los diversos ejércitos, tanto actuales y nacionales como antiguos y de otros países, luciendo con detalle sus variopintos uniformes. Para manejarlos, no existía ninguna regla de juego determinada. Su manejo, simplemente estaba sujeto a la mayor o menor creatividad de los afortunados propietarios de tan apetecido y apreciado juguete y así, cada uno podía inventarse desde asaltos a fuertes, batallas a campo abierto, guerrillas, hasta emboscadas, rendiciones, tratados de paz, etc., etc. Naturalmente, la sangre nunca llegaba al río pero la diversión estaba garantizada y tras las incruentas batallas, los soldaditos eran recogidos en sus cajas-estuches con variado esmero o curiosidad, según la disposición de cada propietario, dueño absoluto, también conviene resaltarlo, de las supuestas voluntades de las tropas en cuestión.


Pero por muy en serio que tomásemos entonces nuestras batallas y demás aventuras, aquello no dejaba de ser un juego de niños sin más transcendencia, en el que era muy reconfortante lo antedicho o sea, sentirse el dueño y señor de cuerpos y voluntades (de plomo) de aquellas aguerridas huestes.


Y ahora nos preguntamos: si esto era tan agradable y divertido ¿qué no sería, por ejemplo el tener a nuestra disposición personas de carne y hueso a quienes manejar y distribuir a nuestro antojo, poniendo y quitando según nuestro parecer, nuestras preferencias o nuestro humor en cada ocasión, sobre todo si ellos, personas reales, tuvieran la facultad de corresponder en su momento a nuestros caprichos y favores?


Pues dadas las actuales circunstancias por las que atraviesa nuestra España, esta posibilidad se hace real y palpable y no son precisamente los soldados a los que les ha llegado actualmente la oportunidad de hacerse de plomo (ya les llegará) sino que les ha tocado nada más y nada menos que a los  ministros que creo, en número de veintidós, van a ser manejados hoy día como antaño se manejaba a los citados soldaditos.


Que España se está convirtiendo en un juguete es algo que si no nos hubiese tocado vivir y presenciar con pasmo ascendente, nos resultaría imposible de creer pero desgraciadamente, y lejos de toda broma, esta parece ser la triste realidad, tema éste que alguien trató no hace mucho en estas mismas páginas.

Y es que desde que las riendas del gobierno de nuestra nación han caído en las manos que han caído, la incongruencia, el disparate y la insensatez han sido protagonistas en un proceso que no persigue más que un interés tan ligado y cercano a lo personal, como lejano del deber de buscar lo mejor, lo  más positivo, justo y noble para  todos los gobernados.


Solamente pensar en el incremento de gastos que acarreará esta exagerada multiplicación de altos cargos con su consiguiente cohorte de colaboradores, resulta escandaloso a la vista de tantas necesidades inmediatas carentes de atención y por tanto, de presupuesto.


Produce estupor también, la cantidad de ministerios creados con títulos de lo más rebuscado y hasta ridículo, ya que no cabe duda de que entre tan múltiples y variadas actividades van a producirse cruces, entrecruces, superposiciones y choques de competencias, que no harán más que certificar la falta de capacidad de tanto elegido para desarrollar unas labores que, con toda seguridad podrían ser ejercidas por la mitad de personas realmente competentes y con una preparación acorde y digna de cargos de tan gran responsabilidad.


Para terminar estas reflexiones de un ciudadano de a pie, me queda expresar la sorpresa que me produce personalmente y supongo que a muchos como a mí, la naturalidad con que algunos de los elegidos, se  cree merecedor y acepta el cargo, imaginándose absolutamente capacitado para ejercerlo con total eficacia y solvencia sin pararse a pensar, quizá ya lo saben, que esa creencia es fruto exclusivo de su vanidad y que esa vanidad va a ser utilizada como mera moneda de cambio, repito una vez más, de una interesada y elaborada operación de  permanencia en el poder que hoy se antepone a cualquier decisión encaminada a conseguir el bien común.



Manuel Alonso Trevicortov


Comentarios

No hay comentarios sobre esta noticia.

Comentar

Columnistas

Cómo la Ley de Cambio Climático nos empobrecerá en vano

La ley de Cambio climático es puro ecosocialismo: planificación vertical de la economía con la excusa de la "emergencia climática". El clima siempre ha cambiado y no hay pruebas concluyentes de que el cambio actual sea más rápido, ni de que la acción humana sea su causa principal.?Publicado en Actuall

Por Francisco J Contreras Leer columna

A propósito de Santa Sofía

La Iglesia sigue presa de tópicos inactuales en vez de defender con uñas y dientes a las cristiandades perseguidasPublicado en el Diario de Sevilla

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

Tiempos Protervos o la nueva protervidad III

En estos momentos tan decisivos para la humanidad echamos en falta una presencia inspiradora que por otra parte nunca le faltó en los últimos dos mil años en las circunstancias peliagudas: Nos referimos a la Iglesia Católica.

Por Esteban Alú MorteraLeer columna

 Calviño, descolgada

Visto el título del presente artículo y siguiendo con el uso la jerga que solemos emplear cuando se trata de ciclismo si este escrito fuese una crónica de alguna etapa de ese deporte, deberíamos intentar analizar ahora la causa principal por la que creemos que la aspirante española a ganar  una etapa en la que parecía bien situada, fracasó finalmente.

Por Francisco Alonso-Graña del Valle Leer columna

Corromper a un rey

Ahora, el ensayo de Monarquía ejemplar de Felipe VI se hace muy difícil: un Rey modélico no puede tejer alianzas con dirigentes entregados a la mentira, el sectarismo y la vulneración del estado de Derecho en un país de elites apátridas y moralmente arrasado.

Por Rafael Sánchez SausLeer columna

Tiempos protervos o la nueva protervidad II

Hace ya un tiempo nuestro actual presidente del Gobierno habló de la existencia de una policía patriótica en torno al PP.

Por Esteban Alú MorteraLeer columna

Los enemigos del perdón

Es imprescindible volver a hablar del perdón a los enemigos -perdón que no excluye la justicia- y de la misericordia para obtener misericordia. ¿Pero cómo vamos a proclamar ese mensaje si nos han convencido de que no hay pecados y de que no hay que perdonar porque eso va en contra de la justicia

Por P. Santiago Martín Leer columna

A mi esposa

  Es objetivo en la vida encontrar a la persona amada y querida que a nosotros se nos dona.  

Por José Manuel Miranda Alonso Leer columna

El príncipe de la mentira

No piensen que me refiero a Satanás, tal como lo apodó el apóstol Pedro (1 Pedro 5:8-9), el personaje al que me refiero no da para tanto intelectualmente, no olvidemos que Luzbel era el querubín de más alto rango y por tanto su inteligencia es inmensa, no, les hablo de una persona más modestita en este campo, nuestro actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ni siquiera fue capaz no ya de escribir sino de leer su propia tesis doctoral.

Por Teresa SalamancaLeer columna

Tiempos protervos o la nueva protervidad I

La palabra protervidad, según el diccionario de la RAE, significa obstinación en la maldad. No se trata de un "palabro" como la "desescalada", ya que las montañas se escalan y luego se bajan o descienden pero no se desescalan.

Por Esteban Alú MorteraLeer columna

EL INGRESO MINIMO VITAL: UN PASO HACIA LA ESCLAVITUD CLIENTELISTA

Asistimos a la transformación de una sociedad democrática en una sociedad esclavizada por el poder a través de la compra del hoy todavía ciudadano por medio de un "plato de lentejas", con el "Gran Hermano"  mediático dirigiendo sus pasos

Por José Luis LafuenteLeer columna

Encuesta
¿Logrará las subvenciones que busca por la EU Sanchez?

a) No, es disparatado lo que pretende
b) Si, la EU está en descomposición

Dignidad Digital, S.L. E-mail: redaccion@dignidaddigital.com
logo