Martes, 11 de agosto de 2020

EL  PAPA  Y  LA  ECONOMÍA

La economía no es una ciencia exacta, ni siquiera una ciencia sobre la que se puedan prever los resultados, ni a corto ni a largo plazo. Las variables que entran en su juego son múltiples y en muchos casos impredecibles, sobre todo las que tienen que ver con el proceder de los ciudadanos. Una nueva medida, que sobre el papel debería funcionar muy bien, podría convertirse en un estrepitoso fracaso cuando se llevara a la práctica y generar una gran crisis económica y política. La renta básica universal es una apuesta tan interesante como arriesgada y cuenta con seguidores tanto de derechas como de izquierdas, aunque éstos últimos parecen ser mucho más numerosos.


La renta básica universal garantiza, a todos los ciudadanos, un salario mensual que les permite vivir sin trabajar. El trabajo pasa a ser algo opcional, para el que quiera disponer de más dinero y gozar de un nivel de vida más alto. Sin entrar en detalles, a mi me parece una idea estupenda y que podría llegar a ser la solución de un futuro, donde la mayor parte de la producción esté robotizada y solo hubiera trabajo para una minoría. Pero..., ¿funciona? ¡Ah! Eso nadie lo puede asegurar hasta que no se ponga en práctica, y de momento no existe ningún país que lo haya hecho. En principio solo los países ricos podrían lanzarse a esta aventura, porque los costes de financiación son enormes. ¿Y si resulta que no funciona? Pues nada, a la ruina y luego dar marcha atrás, si la población no se subleva.


Finlandia, que es un país puntero en el terreno educativo, lo es también en el estudio para aplicar la renta básica universal. Diseñó un plan piloto, de dos años de duración, del que se beneficiaron 2.000 personas. Estaba prevista una segunda parte que llegaría a un número mayor de ciudadanos, siempre que los resultados de la primera fueran satisfactorios. Pero no ha sido el caso; la primera fase del plan finalizó en 2018 y el experimento se dio por concluido.


Con este panorama a la vista creo que hay que ser prudente, muy prudente. Y hete aquí que aparece el Papa Francisco y lanza la renta básica universal, urbi et orbi. ¿Y quién es el Papa Francisco para meterse en esto? Evidentemente es el  jefe supremo de la iglesia católica y tiene las facultades inherentes a la cátedra de San Pedro, pero en lo que a economía se refiere entiendo que no es una autoridad.  Sus conocimientos de filosofía y teología no le capacitan para dirigirse al mundo y hablar de cualquier cosa. En mi modesta opinión creo que ha cometido una gran torpeza, que ha servido para generar desconcierto y dar una gran satisfacción a los partidos de izquierda, que ven en la renta básica universal una manera de acercarnos al comunismo, una ideología a la que nunca han renunciado, a pesar de la caída del muro de Berlín. En España, los del Partido Podemos, que nunca han mirado a la Iglesia con simpatía, están encantados con las palabras del Papa. Pero nuestro país no tiene suficiente capacidad económica para afrontar la renta básica universal, y yo creo que para ellos solo es una fórmula con la que abrasar con impuestos a la población, liquidar la clase media y, sobre todo, acabar con los ricos para convertir a España en otra Venezuela, otra Cuba u otra Corea del Norte.


¿Qué ha podido llevar al Papa Francisco a manifestarse de esta manera? En mi opinión es, una vez más, una interpretación inadecuada de los textos Sagrados. Hasta no hace mucho tiempo, la Biblia lo era todo: un libro espiritual, sin duda, pero también histórico y científico. Prueba de ello es que los científicos lo han tenido muy difícil para convencer a la Iglesia de que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y que el ser humano es el fruto de una larga evolución. Modernamente, los estudios arqueológicos llevados a cabo en Oriente Medio, están cuestionando también muchos aspectos históricos que describe la Biblia. Por ejemplo, el arqueólogo israelí, Israel Finkelstein, asegura que no hay ninguna evidencia que pueda respaldar el Éxodo, una migración en la que estuvieron involucradas dos millones de personas y que necesariamente debería haber dejado algún rastro en alguna parte. No creo que a la Iglesia le cueste demasiado asimilar algo así. Pero hay un tema que, para muchos cristianos, aún sigue siendo considerado palabra de Dios, tal como se describe en el Evangelio: el económico. Hay que pensar que la economía en tiempos de Jesús era muy sencilla. Se vivía de la tierra, del comercio y poco más. No existía ni la CNMV ni el FMI y la forma de solucionar la pobreza era la caridad y el reparto de los bienes de los ricos entre los pobres. Quizás por eso muchos creyentes siguen esa filosofía, sin considerar que la riqueza también se crea y que la Biblia no es un tratado de economía. San Juan Bautista dijo que el que tuviera dos túnicas diera una al que no tiene; en el capitalismo actual, en el que vivimos, se diría que el que tenga dos túnicas monte una empresa de fabricación de túnicas y cree puestos de trabajo para que sus empleados puedan comprarse una túnica o lo que deseen. En el evangelio no hay ninguna referencia parecida a esto, porque describe una sociedad rural en la que la economía, como ciencia, no existía. En mi opinión, la mejor caridad no es dar limosna, sino dar empleo, y entiendo que es mucho más digno para la persona, recibir un salario que recibir caridad. Por eso creo que personas como Amancio Ortega, hacen más por los demás que el Padre Ángel. También pienso que la Iglesia está para dar ayuda espiritual a las personas; lo material es otro tema diferente. La caridad está muy bien y es muy loable, pero si de verdad se quieren solucionar los problemas materiales de los ciudadanos, no basta con la caridad. La Iglesia tendría que pensar en crear un partido político, para poner en práctica políticas económicas y sociales, eficaces y justas. No me parece responsable ni valiente el mensaje al mundo del Papa Francisco, proponiendo la implantación de la renta básica universal, y además para que la pongan otros.


Paco Mexia


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