Sabado, 05 de abril de 2025
Comentario al Evangelio del Domingo por Monseñor Jesús Sanz
Ser camillero de los hermanos
Estamos en Cafarnaún, y allí suceden las cosas que Marcos nos está narrando en estos domingos, según Jesús iba yendo y viniendo de aquí para allá. Nos podemos introducir en el domicilio en que Maestro y discípulos vivían durante su estancia allí. Pero lógicamente, no estaban clandestinamente, sino que se vino a saber, creciendo la curiosidad y el sincero interés por escuchar a Jesús. Tanto así que al enterarse los lugareños se agolparon llenando la casa y ni siquiera había sitio a la puerta. Podemos imaginarnos la escena. Lleno hasta la bandera sin querer perderse lo que el Maestro les podía contar al hablarles de Dios y al hablarles del hombre. Todos apiñados para poder oír su palabra embelesados como estaban de cuanto Él decía con autoridad y sabiduría.
Así estaba de quieta la escena cuando es interrumpida por cuatro que llegan con un paralítico en la camilla. Tanta gente había que es imposible llegar hasta el Maestro y no se les ocurre otra cosa más práctica y audaz que la de levantar algunas tejas y descolgar al enfermo desde el techo. Nos podemos imaginar cómo seguirían todos la audacia tan llena de fe de estos hombres. Hasta el mismo Jesús quedó impresionado y le curará en el acto: tus pecados son perdonados.
Es verdad que también había gente que estaba allí sin embeleso ante las palabras de Jesús, sino más bien con curiosidad capciosa, con desagrado incómodo por lo que estaba suponiendo en Cafarnaúm el paso del Maestro. Y al escuchar a Jesús curar al paralítico perdonándole los pecados, empezaron a maquinar todas sus dudas de escribas para desautorizar como blasfemia lo que a los demás les llenaba de asombro y gratitud. Pero no es lo más importante en esta conmovedora escena la actitud cicatera de estos escribas. El milagro lo hará Jesús, ciertamente; la enfermedad la tenía el paralítico, es verdad; pero hay un nexo que les une a los dos: aquellos cuatro hombres que llevaban la camilla, que se las ingeniaron para hacer que se encontrasen el Señor y el enfermo. También a mí me impresiona esa audacia tan creativa, tan confiada, tan capaz. Y por un misterioso designio, sin la intervención de estos cuatro hombres, Jesús no habría curado a un paralítico que no habría podido o sabido ir hasta el Señor.
Pienso en tantos otros hombres que sufren la parálisis en su fe, en su amor o en su esperanza, y que tampoco saben ni pueden ir a Jesús. De muchos modos se nos llama a ser camilleros que acompañan con audacia y creatividad las preguntas y dolencias de nuestros contemporáneos, para llevarles hasta Jesús. Este es el reto de la nueva evangelización en la que estamos embarcados. El Maestro nos espera en cualquier sitio a donde es justo y necesario acompañar a los que por sí mismos no sabrían llegar para encontrarse con la luz, la vida, el agua que sus penumbras, sus muertes y su sed les tienen secuestrados. Hemos de ser camilleros de esperanza que acompañan a los hermanos ante Quien nosotros ya hemos ido.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm Arzobispo de Oviedo
Columnistas
Vance es un peso pesado intelectual, un político-filósofo. Entre sus influencias están la doctrina social de la Iglesia, el pensamiento de René Girard y las ideas de teóricos postliberales como Sohrab Ahmari o Patrick Deneen Publicado en el Debate
Por Francisco J Contreras Leer columna
La subida global de temperaturas y la conveniencia de ir sustituyendo las fuentes de energía tradicionales (gas, petróleo y carbón) por otras más sostenibles es un tema de permanente actualidad tanto en los medios de comunicación como en la política. Frente a la versión aplastantemente mayoritaria del problema y sus soluciones, el ciudadano atento y bien informando acaba descubriendo algunos problemas a los que no se les presta demasiada atención. En este artículo se presentarán algunos de ellos
Por Francisco Javier Garcia AlonsoLeer columna
La propuesta que más influyó para atraer el voto de muchos europeos hacia las nuevas derechas es el rechazo a las políticas que facilitan la inmigración incontrolada, pues están convencidos de que aumenta la delincuencia y favorece la islamización de Europa
Por Angel Jiménez LacaveLeer columna
La alternativa a la "justicia social" no es un escenario de pobres muriéndose en las aceras por falta de recursos para pagarse un hospital. La alternativa sería una sociedad en la que, con una presión fiscal que fuese muy inferior a la actual, la gran mayoría de la gente se las arreglase muy bien por sí misma, sin depender de papá Estado. Publicado en el centro Covarrubias
Por Francisco J Contreras Leer columna
Este hombre de 82 años ha hecho más daño al sanchismo en dos meses que Feijóo y sus diputados en esta legislatura
Por Rafael Sánchez SausLeer columna
En su libro “Agenda 2033, nueva y eterna”, Eduardo Granados presenta una propuesta para que pongamos nuestra mirada en 2033, fecha en la que se cumplen dos mil años de la Redención. En 2033 confluyen las celebraciones del bimilenario de la institución de la Eucaristía, de la muerte y resurrección de Cristo y del nacimiento de la Iglesia. En esta entrevista el autor nos da las claves de esta original propuesta.
Por Teodoreto de Samos Leer columna
Detrás de tanta normativa milimétrica se agazapa una desconfianza descomunal en la gestión privada, que actúa como un implícito reproche moral. Publicado en El Debate
Por Enrique García MáiquezLeer columna
Occidente no perdió el rumbo en 1776, sino en 1917 y 1968.
Por Francisco J Contreras Leer columna
Sólo el advenimiento de los Reyes Católicos, y el resultado de su prodigiosa obra, pudo superar, andando el tiempo, esa primacía en la memoria de los castellanos. Pero para ello hubieron de pasar casi doscientos cincuenta años Publicado en El Debate
Por Rafael Sánchez SausLeer columna
Cabe resaltar aquí lo afirmado por el fiscal jefe de la Audiencia Nacional: "En definitiva, da igual el explosivo que se utilizara, lo cierto es que todas las pruebas apuntan a que estos personajes fueron los que cometieron ese atentado y la trama asturiana proporcionó los explosivos" (sic).
Por Ana María Velasco Plaza Leer columna