Lunes, 23 de octubre de 2017

¿Somos libres los ciudadanos?

¿Somos libres los ciudadanos? (hago la excepción anárquica de que quien esto escribe es aldeano de nacimiento y por vocación)... ¿Se nos considera inteligentes por gestores de índole diversa? (políticos, publicistas, empresarios, etc.).

...Y los ciudadanos, ¿saben ejercer su condición de demócratas y son conscientes del trato que reciben de los poderes predominantes a cambio de chucherías, collares y perlas (falsas)?  De todas maneras esta es una fórmula generalizable y de roles intercambiables en cualquier  momento, a lo largo de los períodos activos de la democracia.

La demagogia se ha convertido en el lenguaje de la falacia y no es que haya mala intención o despropósito apriorístico para engañar a los otros?: no. Simplemente, que el mecanismo sociopolítico en el ejercicio constante y continuo casi desde siempre deviene, tácitamente, en un fabuloso y enorme engaño para unos y otros? Y eso por qué se nos dirá. Si grandes pensadores iluminaron los caminos idóneos que nos llevasen a todos al imperio del orden, el sentido de la equipeya ?y, no me animo a decir que a la felicidad, porque es evidente que no es meta alcanzada en plenitud por la gran mayoría de los mortales? Y, es quizás aquí, en la condición de mortales, en donde reside el nudo gordiano para una explicación plausible. Una explicación que es posible que exceda nuestros conocimientos (los míos, desde luego) y que, al no haber logrado respuestas sino definitivas, al menos estables, debemos convenir en que la búsqueda ha de continuar, pues los hallazgos, hasta el momento, no son resolutorios.

Ahora que están en lides de política electoral en Alemania, vamos a coger el hilo de la SPD que nos retrotraiga al siglo XIX  cuando E. Bernstein, judío y polifacético, advertía en las tesis ideológicas propuestas por el binomio Marx-Engels, que la lucha de clases y el proletariado, no iban a necesitar de revolución alguna, pues el proletariado iría subiendo gradualmente de nivel y los capitalistas, también experimentarían un fraccionamiento de clase, al distinguirse capitalistas en los distintos niveles del poder económico, no persiguiendo los mismos fines de clase unos y otros. Claro está que a Bernstein se le tachó de revisionista por Kautsky, trasladando una vez más en el transcurso de la Historia el principio físico de acción-reacción, al ámbito socio-político.

Yendo aún más allá en estas reflexiones, podríamos aseverar que un razonamiento absurdo y alejado de toda lógica, repetido hasta el cansancio por muchas voces,  llegaría a funcionar como una razón política lista para ser aplicada y ejercitada por los profesionales de la misma y sus seguidores. Así que, que enfocando hacia el momento actual de Cataluña en España, no nos debe extrañar toda la dialéctica que se ha montado sobre el particular y que, en otros escenarios y con otro tipo de protagonistas, resultaría un absurdo de tintes circenses que sería objeto de la hilaridad más extendida: desde una tierna edad hasta el espectador de edad provecta, aunque de mente todavía activa. Y por qué decimos esto: pues muy sencillo. Si estuviéramos debatiendo sobre cómodeberíamos construir un edificio en cuanto a su orientación, superficie, diseño y estética, etc., pero la base y los pilares de sustentación no estuvieren allí donde se quiere edificar o, incluso estando, fuesen falsos o inapropiados para el proyecto, creemos que discutir sobre el resto de particularidades sería a todas luces ocioso y no dejaría de constituir un ejercicio inútil y de pérdida de tiempo, a menos que se tomase como un entrenamiento del absurdo y extender aún más en el espacio y en  la oratoria, el sin sentido a que podemos llegar los individuos a la hora de querer imponer nuestras tesis, orientadas éstas, o no, a la consecución de un rédito en cualquiera de los campos de actuación y, en este caso, política. Sólo así se puede entender el maremagnum de la sinrazón que en estos días tiene lugar en el escenario catalán y español, en general.

Es decir; si un Estado se asienta sobre unas bases jurídicas presididas por la correspondiente Carta Magna "léase Constitución-, según se nos dice, no se pueden soslayar y, por ende, vulnerar los principios recogidos en la misma en artículos aprobados por los ciudadanos del Estado en cuestión. Sólo, como también se nos dice, se pueden alterar esos principios jurídicos de convivencia, por la vía democrática "que ya se nos ha explicado mil veces cuál es- o, por la revolución sin más y con mayúsculas? Y ahí estamos ahora en nuestra Nación. Es una lástima que después de cientos de años o más de mil (San Isidoro de Sevilla dixit) según el baremo histórico que se aplique, nos encontremos en el cráter de un volcán cuya lava, nos arrastrará y quemará a todos, estemos donde estemos, pero desde luego sí en las laderas del terrible geoelemen

A manera de posdata diré que todo lo desgranado en este artículo, no deja de apuntar a un regreso al tribalismo, o sea, al origen de la especie y del mundo. Así que no sería otra cosa que completar la


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