Miercoles, 05 de agosto de 2020

Los altos vuelos de nuestros políticos

Política aeronáutica

Su último vuelo ha sido en helicóptero, para reconocimiento de las zonas inundadas por las extraordinariamente abundantes y anormales precipitaciones en diversas zonas de nuestro territorio que tan enormes daños vienen causando a nuestros conciudadanos.

Pues resulta que este novedoso y frecuente uso aéreo se ha hecho un tanto contagioso ya que uno de los ministros del "volátil" presidente, ha elegido a su vez el avión para celebrar una visita política aunque ésta, quizá para ensayo de otras posteriores, se realizó con el aparato volador bien pegado a tierra y en la seguridad de las pistas de un espléndido aeropuerto.

Aparentemente y sin entrar en detalles, los hechos no tendrían mayor importancia de la que cada uno quisiera darle pero por lo que va haciéndose público, ambas actitudes no han sido precisamente de lo más oportuno en cada momento concreto.

En primer lugar y en cuanto al vuelo de reconocimiento del presidente, tanto gusto le ha tomado a esta novedosa forma de viaje, que no dudó en distraer de sus labores de búsqueda y salvamento a un helicóptero dedicado a ellas, para anteponer un personal y particular deseo de protagonismo a tan "rutinaria" búsqueda, luciendo así el talante intrépido y valeroso que lleva consigo toda suspensión en el aire, en este caso sobre las inundadas tierras visitadas. La persona buscada en esos momentos, puede esperar...el helicóptero volverá pronto a sus labores específicas.

Como es natural, este comportamiento ha suscitado de inmediato fuertes críticas que han sentado muy mal al presidente cuya reacción ante las mismas no ha sido precisamente en un tono de apacible humor, justificando a su manera, el comportamiento criticado.

En cuanto al segundo caso que comentamos, repetimos que no tendría mayor importancia y podría tratarse de un delicado detalle de cumplido hacia la persona visitada, detalle por otra parte  un tanto extraño dado el lugar y la hora del día (medianoche, creo) elegidos para el evento, pero como en la actualidad y no se sabe cómo, casi todos nuestros actos están controlados, pronto saltó a la opinión pública una explicación más o menos convincente de las razones reales de tan, vamos a llamar, misteriosa visita: en dicho avión de una compañía privada, viajaba una de las 25 personas responsables del régimen dictatorial de Venezuela sobre las que pesa una resolución de la UE de 2017 por la que se les prohibe pisar suelo comunitario ni siquiera en tránsito hacia otros destinos, y esa persona, precisamente, era la vicepresidente de dicho país, señora Delcy Rodríguez, sujeto protagonista de la intempestiva visita de nuestro ministro señor Ábalos quien, en un principio negó los hechos, después las intenciones y más tarde, ante la lógica y profesional insistencia de los medios pidiéndole más claridad, se enfadó tanto que yo, un tanto alejado hoy de las últimas noticias, no sé, en definitiva, qué explicación acabó dando desde su monumental cabreo. Las dió por él, la ministra señora Montero afirmando que fué un acto muy positivo y hasta heroico, que evitó una crisis diplomática pues su finalidad fué alertar a la citada señora de lo peligroso que resultaría el que pusiese un pie o los dos, en tierra prohibida. Solo le faltó a la citada ministra soltar un ¡bravo! al final de su explicación. Y nosotros vamos y nos lo creemos, sobre todo, pensando en la relación venezolana de algún miembro del gobierno-bis de que disfrutamos y que no cabe duda comanda en nuestro país. Y además ¿es que la señora Delcy  desconocía la medida de la UE que la afectaba tan directa y personalmente? En fin...Kafka sea con nosotros.

El afán de poder y el querer estar en todas las salsas, lleva aparejadas muchas servidumbres ya que el político pasa a ser, de ciudadano normal a hombre público y como tal, sujeto a todo examen, exigencia y crítica del pueblo que tiene a su vez todos los derechos a exigirle comportamientos acordes con la confianza depositada en él. Por consiguiente el dar una explicación convincente a las actuaciones que entrañen dudas razonables, entra dentro de las obligaciones inherentes a los cargos desempeñados. Otros comportamientos, modos y maneras nos acercarían muy peligrosamente a los comportamientos, modos y maneras habituales en las tan odiosas y denostadas [1] dictaduras.



Manuel Alonso Trevicortov






 [1]


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