Jueves, 18 de octubre de 2018

escuchar a rossini siempre es una experiencia gozosa

Triunfa un "luminoso" Turco en Italia

"Il Turco in Italia" se representó por primera vez en Milán, en 1813, cosechando un sonoro fracaso cuyas causas no siempre obtienen la misma explicación, así algunos dicen que se debió a que los milaneses pensaron que el autor se autoplagiaba, copiando su exitoso estreno del año anterior "La Italiana en Argel", otros lo atribuyen al disgusto que produjo la actitud licenciosa de la protagonista femenina "Fiorilla" y otros a la compleja y novedosa forma de abordar la historia en dos planos distintos que discurren paralelos pero en varios momentos interaccionan e incluso desarrolla la fórmula de teatro dentro del teatro; incluso son numerosas las opiniones que consideran este drama bufo un antecedente de las innovaciones pirandelianas mas de un siglo posteriores consideradas una verdadera innovación en el discurso teatral. El autor de este libro tan sugerente fue Felice Romani que a su vez se basa en la obra del mismo nombre de Caterino Mazzolá. Posteriormente fue representada con éxito pero olvidada cuando el romanticismo irrumpió en el melodrama, como casi todas las obras de su autor, con la excepción del Barbero de Sevilla, para volver a ser rescatada en los primeros años de la segunda mitad siglo XX cuando intérpretes de la categoría de María Callas se empeñaron en un labor de recuperación de obras de gran calidad arrinconadas con ligereza por haber pasado "la moda" del estilo musical que las había alumbrado, sin tener en cuenta que el arte con mayúsculas transciende a todas las modas o estilos que dominen el gusto estético de determinado momento.

Ayer pudimos disfrutar de un Rossini en estado puro, lleno de talento, melodía, ritmo vertiginoso, gracia, humor y sutileza paradigma de clasicismo pero en el que sin embargo el autor ya introduce pinceladas que anticipan el nuevo tiempo romántico que no tardará en llegar a la ópera pero que ya ha desembarcado en el pensamiento estético. El maestro Iván López-Reynoso al frente de la orquesta, Oviedo Filarmonía, nos ofreció una versión ágil pero sutil dominando el "tempo" rossiniano con autoridad y elegancia y destacando los "toques" románticos que ya irrumpen en la obertura.

La Oviedo Filarmonía se adaptó maravillosamente a lo que le pedía su director, en esta ocasión el clave fue sustituido por un piano, a cargo de Ludmila Orlava, que reforzó con su timbre tan característico y diferente del sonido "estridente" del clave, el chispazo romántico que sobrevuela algunos momentos de la ópera.

El elenco brilló a una altura muy por encima del simple oficio

El protagonista fue asumido por el bajo-barítono Simón Orfila ya conocido en el Campoamor. Hemos asistido complacidos a la forja y crecimiento artístico y profesional de este intérprete balear que nos regaló una magnífica interpretación. Ha crecido exponencialmente en volumen sonoro, colocación y empaste de la voz, dominio solfístico "algo fundamental para interpretar a Rossini- y presencia en el escenario. Es un papel difícil vocalmente por las agilidades y los constantes desarrollos de la partitura en las escalas agudas, todo ello lo solvento con profesionalidad y una depurada ejecución.

Sabina Puértolas fue Fiorilla, la casquivana e infiel protagonista femenina, tiene una voz algo opaca, tropezó en ocasiones en las agilidades y en el endiablado fraseo, los agudos carecían de armónicos, aunque tuvo momentos brillantes como el dúo con el príncipe Selim donde pareció superar todos los obstáculos. Mas adelante hubo ocasiones en las que no pudo mantener las notas agudas. Fue una interpretación desigual que parecía ir de menos a más con el "pinchazo" de la escena del engaño a tres bandas.

Alessandro Corbelli nos regaló un Don Geronio, el marido burlado y añoso, memorable con destreza vocal, enorme capacidad cómica y una presencia escénica envolvente. Su dominio de la voz tanto en el volumen como en la entonación y endiablado fraseo hizo las delicias de la noche y así fue reconocido por el público

David Alegret dio vida a Narciso el amante abandonado por Fiorilla, tiene una bella voz de tenor lírico que brilló especialmente en la escala más aguda pero su actuación fue muy irregular con desajustes en la entonación y en la emisión, notas fallidas o quebradas y una aspereza en los graves que casi parecían dos voces en una, no obstante hubo momentos de belleza en su canto muy especialmente en aquellos pasajes que preludian las romanzas como el aria del desamor.

Manuel Esteve interpretó al escritor en busca de argumento al tiempo que demiurgo de la trama, el poeta Prosdocimo, y lo hizo con solvencia en todos los campos vocales, voz bien colocada, potencia en la emisión, seguridad en el fraseo y uniformidad en el color. Además su vis cómica quedó acreditada.

Laura Vila encarnó a la zíngara, Zaida. Tiene una voz melódica, hermosa, bien colocada con la que se enfrentó con aplomo a la totalidad de su papel.

David Astorga nos sorprendió por la solvencia con que afrontó su papel de Albazar. Su voz potente, segura y flexible supo sacar el máximo brillo a su secundario personaje.

Hay que señalar que los cantantes ejecutaron los numerosos concertantes escritos en la partitura con gran acierto, coordinación y empaste, destacando los dos septetos.

El Coro de la Ópera de Oviedo, dirigido por Elena Mitrevska, parece que va encajando, compenetrándose y unificando sus voces, su papel en esta obra no es demasiado exigente, salvo las habituales en Rossini que de partida no son pocas, pero ni siquiera requiere un número grande de miembros, pero de todas maneras lo hicieron con mejor acierto que en la pasada temporada, esperemos que sigan por esta senda.

Una vez más Emilio Sagi volvió a su tierra, donde sí es "profeta" con una puesta en escena llena de colorido, dinamismo y "gags" muy bien pensados tanto que incidieron en el leit motiv del teatro dentro del teatro, una versión llena de sentido del humor y buen gusto, no se puede pedir más, si acaso el cambio de época, no porque en este caso entorpeciera el discurso original sino  por hallar algo distinto, parece que para los directores de escena actuales sólo haya existido el siglo XX. Por ello siempre quedará grabado en mi memoria aquella exquisita Tosca que dirigió en colaboración con el llorado Julio Galán y una Raina Kabaivanska en estado de gracia, como Floria Tosca.

La escenografía, a cargo de Daniel Blanco, brillo por la capacidad de recrear el Nápoles que pensó Sagi, utilizando una gradación que va del naturalismo, extraordinariamente conseguido en la recreación de un rincón de la ciudad al el costumbrismo de la pizzería o los puestos de verduras y la irrupción de las "vespas" sesenteras.

En definitiva una estupenda versión de este título rossiniano tan inspirado y alegre.


Cósima Wieck


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